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18.06.06
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Noticias >> Religión y Fe
“Déjate guiar por Dios y Él te dirá lo que quiere de ti”

Querido Padre Alberto:

Tengo 19 años y he estudiado en un colegio católico durante toda la vida; 13 años para ser exacta. Además, llevo tiempo participando activamente en mi parroquia, soy catequista y ayudo en todo lo que puedo a mi comunidad.

Padre, he venido sintiendo el llamado de Dios desde hace más de un año, pero hay algo muy fuerte de mi pasado que me detiene y no me atrevo a irme al noviciado para comenzar la preparación para ser hermana religiosa.

Cuando tenía unos 5 años de edad, un hombre abusó de mí; apenas lo recuerdo, pues era muy pequeña. Yo era muy inocente y no sabía nada de lo que me estaban haciendo.

A mis padres no les dije nada, pues me vine a dar cuenta de lo que me habían hecho cuando tenía como 9 años. Sentía mucha vergüenza de hablar de lo ocurrido; ese hombre después desapareció de nuestras vidas. Era un vecino, muy amigo de mis padres.

Tuve un novio, al que quise muchísimo, pero sentía que no me llenaba completamente. Pienso que para ir al matrimonio debe existir una gran entrega total. Creo que casarse y tener una familia es una bendición de Dios, con lo cual no se debe jugar. Yo no estaba tan enamorada de él, como de las cosas de Dios.

Tengo el deseo de darle mi vida a Dios, pero cuando me vienen los recuerdos de lo sucedido, siento que no califico. Sé que no fui culpable, pero no sé cómo manejar ese dolor que me causaron.

Le pido de favor un consejo.

Daniela, la que carga una pena del pasado

Estimada Daniela:

Aquí en la tierra Dios no escoge ángeles para servirlo, de hecho, siempre ha escogido a seres de carne y hueso. Nadie se considera “digno” de ser elegido para consagrar su vida a Dios, pero Dios es quien elige. Nosotros sólo tenemos que saber responder.

El proceso doloroso del abuso que sufriste requiere atención seria. No te digo esto para asustarte, pero creo que las personas que han sido abusadas y lo llegan a reconocer como adultos, deben asegurarse de que hayan podido superar y enfrentar esa situación debidamente. No es suficiente decir, “eso ya paso” y “olvídalo”. Quien lleva un dolor tan profundo por dentro, necesita terapia y sanación interior.

Antes de ingresar a la vida religiosa, o a cualquier forma de vida consagrada en la Iglesia, uno de los requisitos es que la persona sea psicológicamente sana y libre de impedimentos. Esto es parte del proceso de discernimiento y de aceptación al convento, a un seminario o cualquier otro tipo de ministerio en la Iglesia.

Te recomiendo que hagas mucha oración personal, discernimiento espiritual dirigido por un sacerdote o religiosa y que hagas sesiones de terapia psicológica con un profesional de la salud mental. Ese trauma que sufriste lo puedes superar, pero primero tienes que estar segura que lo hayas podido enfrentar correctamente.

La vida religiosa no es para escapar del mundo, ni para huirle al matrimonio. Todo lo contrario. Quien le entrega su vida a Dios, debe primero ser capaz de haber sido una buena esposa y madre, ya que la consagración es la entrega a Dios de todo tu ser.

En el proceso de oración, discernimiento y terapia podrás comprobar si tus intenciones son sinceras y legítimas. Déjate guiar por Dios y Él te aclarará lo que más quiere de ti.

Un abrazo,

Padre Alberto

Envíe sus cartas a:

consejos@padrealberto.net

Rev. Padre Alberto Cutié

Radio Paz 830 AM

PO BOX 421500

Miami, Fl 33142

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