Recordando el pasado, o sea haciendo una caminata mental de los años cuarenta y cincuenta, acuden a mi mente algunas personas que tenían el “techo” maltratado, y eso daba lugar a molestarlos y reírse de ellos, ya que así es el granadino: “jodedor” por excelencia. Solamente era molestarlos de palabra, no de hecho.
Entiendo que los aires que provienen del Mombacho llegan impregnados de estímulos que provocan la creatividad, lo cual es el origen de la alegría. El campanero de la Catedral, al que le decían “Tarugo”, tenía otros apelativos, en una ocasión le dieron un paquete para que lo botara en el arroyo, y en éste iba un niño muerto. Desde ese instante era “Tarugo bota muchachos leche de gato”. Deducirán que no revisó el paquete. Era “Tarugo”.
Otra del mismo camino era “La Chepa Lola”, mal hablada y ya viejita. Pedía limosna, y si no le dabas, venía el aguacero. Lo peor en este aspecto era “Doña Peta Vado” con un vocabulario florido, era un albañal que hablaba al decirle “Doña Perfecta Vado”, te saludaba con la educación clásica del granadino; “Buenas tardes joven, ¿Cómo ha estado usted y su familia?”. Todo era que le dijeras “Peta Vado”, te soltaba la tabaquera, y los jóvenes le agregaban, “Pellejo de Sapo”, . Seguíamos caminando por esas calles empolvadas de esos años, y llegábamos a la Cruz de Piedra en la Catedral, ahí era la residencia de “Tarugo”.
“La Juana Cabito” era pacífica, se dedicaba a fumar y seguidamente te pedía un cigarro, ese era su vicio y asi también pedir limosna. Otra del círculo artístico era la “Comé y comamos”, ésta pasaba por las ventas que estaban ofreciendo su mercancía en las calles y cogía una pizca y te decía “comé y comamos”, igual cosa hacía en el mercado, una naranja, un caimito, un níspero, etc. No olvidaremos a “La Chepa Lola”, era una de las mayores con sus naguas voladas, caminaba como barrilete, si hubiera seguido a una velocidad mayor, se la lleva el viento, sólo pedía limosna. “Burrito” era especial, se posaba en una de las ventas del parque central, pues habían roconolas y al oír la canción de la burrita, no paraba de bailar, se la ponían unas cuatro o cinco veces seguidas. Una de las mejores era “La Chila Loca”, ésta tenía un fundamento que parecía motor fuera de borda, tanto llamó la atención por sus “petacas” prolongadas, que la embarazaron. Tuvo un chavalo al que llamó “José huevo”, cuando éste tenía como 4 años quería que caminara a la velocidad de ella, entonces decía: “Camina José huevo, apurate huevo”, decía.
El personaje más humorístico era el primo medio cegatón y jugador de ladrillete, rayaba la moneda contra la pared para agarrar pulso, y si ganaba era risa más risa, pero si perdía te decía: “Ya me acabaste hijo de la gran p”.
Así pasaba el tiempo y los granadinos nos divertíamos con los maltratados del techo. Un humor granadino, reírse de los demás... sin hacer daño.