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Consecuencias del mecanicismo
Pablo Sanabria
El autor es abogado.

El mecanicismo es una doctrina filosófica que pretende explicar la realidad por medio de principios mecánicos. Según este punto de vista, “la única forma de causalidad es la influencia física entre las entidades que conforman el mundo material, cuyos límites coincidirían con el mundo real”. Esta concepción conduce al determinismo (todo acontecimiento, sin excepción, responde a una causa física) y se opone al principio de “aparición o surgimiento”, el cual establece que de “las fuerzas combinadas de la naturaleza, pueden ocurrir eventos verdaderamente nuevos e impredecibles”. Además, el mecanicismo excluye la existencia de una esfera espiritual y, por lo tanto, niega la existencia de Dios y cualquier intervención o influencia metafísica en el mundo.

El determinismo que resulta del mecanicismo lleva a un fatalismo angustiante porque los seres humanos, careciendo de poder para alterar su destino, estarían condicionados y atrapados en una cadena de causas y efectos que incluye, entre otras cosas, la constitución genética (determinismo genético); el tipo de educación que hemos recibido (determinismo ambiental) y la situación económica en que estamos inmersos (determinismo económico). Desde luego que nuestro ser social (contexto o circunstancias) influye hasta cierto punto en lo que somos y hacemos, pero no de manera total y absoluta. La historia nos habla de personas que nacieron en las peores condiciones sociales y que, sin embargo, se superaron y rompieron la cadena de pobreza que venían arrastrando. De igual manera, alguien puede ser pobre pero honrado. La pobreza no es un determinante absoluto de la calidad moral de los individuos. Lo cierto es que todos los días tomamos decisiones que afectan nuestras vidas: el tipo de alimentos que ingerimos, el número de hijos que vamos a tener, la religión que vamos a practicar, la carrera que deseamos estudiar, las amistades que vamos a frecuentar o el candidato presidencial por el que vamos a votar, y estas decisiones tienen consecuencias.

Pero si el determinismo fuera verdad, entonces no existiría el concepto de responsabilidad porque nuestras decisiones estarían absolutamente determinadas por circunstancias y nadie tendría que responder por sus actos. Sobre la base del determinismo sociológico, se pretende explicar el comportamiento de asesinos atroces. Tal es el caso de Hannibal Lecter, el personaje principal de la novela de ficción escrita por Thomas Harris y adaptada para el cine en la película “The Silence of the Lambs”. Lecter es un asesino en serie que canibaliza a sus víctimas. Según la novela de Harris, Lecter nació en Lituania en una familia acomodada. Cuando tenía seis años, unos desertores alemanes procedentes de Rusia llegaron a su casa, mataron a sus padres y a los sirvientes y dejaron vivos a Lecter, a su hermana y a otros niños para alimentarse de ellos durante el invierno Báltico. La niña (Mischa) fue devorada pero Hannibal logró escapar. Thomas Harris explica así que Hannibal se haya convertido en un asesino caníbal. Pero aunque los eventos de la niñez influyan en el comportamiento del adulto, éste en última instancia siempre conserva la libertad y la capacidad de decidir. Sin responsabilidad no hay moralidad pues ésta presupone la libertad. Nadie tiene el “deber” de hacer algo sin la libertad para poder hacerlo.

Finalmente, el determinismo resulta en la defensa del estatus quo y por lo mismo, es muy conveniente para los dictadores, los tiranos, los poderosos y, en general, los que gozan de privilegios. “Las cosas están como están porque está determinado que así sean y que así continúen”. Si los excluidos y los explotados llegaran a aceptar esta filosofía se estarían condenando a permanecer para siempre bajo el yugo de sus verdugos.

Contrario al mecanicismo determinista, el cristianismo enseña que Dios dotó al ser humano de libre albedrío para que decidiera por sí mismo. Esta capacidad de decisión nos convierte en seres morales responsables. No podemos culpar a nadie del resultado de nuestras decisiones, ni siquiera a Dios, pues junto con el libre albedrío, nos reveló su voluntad, la cual contiene el camino recto y justo que lleva a la felicidad y a la paz. La buena noticia es que contamos con el poder para cambiar, para mejorar nuestra calidad humana y para transformar el mundo en que vivimos por medio de decisiones mesuradas e inteligentes.

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