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Fuente página Web del Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (Inifom)
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Una historia inédita, conteniendo valiosísima información de nuestros antepasados, se esconde debajo de las ruinas ubicadas en el casco urbano del municipio de El Realejo, localizado entre el Puerto de Corinto y Chinandega.
En la plaza se encuentra el viejo templo católico dedicado a Santiago Apóstol, las oficinas de la municipalidad y un parque donde se eleva una efigie del padre Azarías Henry Pallais, tallada por el desaparecido escultor corinteño, Felipe Díaz Meza, cuya estatua pareciera vigilar el gran legado aún no descubierto.
Otra parte importante de la historia del Puerto de la Posesión, bautizado así inicialmente por los conquistadores españoles y de la actividad que desarrolló el antiguo astillero, podría ser complementada y admirada con tan sólo invertir en las excavaciones de sus ruinas.
Sabemos muy poco. Toda la información se encuentra enterrada debajo entre la legendaria Iglesia de Santiago y el Convento de San Francisco, destruido por las incursiones piratas del siglo XVII.
“No podríamos abrirle las puertas al turismo si no tenemos un producto desarrollado”, declaró la delegada del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur) de Chinandega, quien asegura que esa cartera no es fuente de financiamiento para los proyectos de este tipo.
En la Iglesia de Santiago, en El Realejo, un visitante puede apreciar una de las cuatro pilas bautismales, construidas por ilustres talladores nicaragüenses, en una sola pieza. Según la población, de ese simbólico monumento eclesiástico sólo existen una en la iglesia Sutiaba, de León, otra en Ciudad Antigua, en Nueva Segovia y una tercera, en el Santuario Nacional de El Viejo.
Esta joya colonial, como las ruinas del convento, que se comunican entre sí a través de un túnel, más los vestigios de cerámica demuestran la gran actividad comercial de la época.
PIEZAS COLONIALES A LA ESPERA DE un MUSEO
La porcelana colonial, vasijas, dagas, rifles, ídolos y piezas arqueológicas encontradas por los pobladores, son los testigos mudos de la gesta de ese sitio histórico, por donde desembarcaron y salieron gran cantidad de hombres durante la conquista.
Todas estas piezas, más de cien, están celosamente resguardadas en la Alcaldía, en espera de poder abrir algún día un museo local para que todo visitante conozca más de nuestros ancestros.
El alcalde Rafael Blanco hizo un primer intento. Con el apoyo de un arqueólogo contratado por el Instituto Nicaragüense de la Cultura (INC) comenzó a excavar en el área de las ruinas del convento, encontrando tres criptas.
La noticia corrió como reguero de pólvora por todo el pueblo, algunos aseguraban que se trata de los restos del primer alcalde de la época, otros hablaban que de osamentas de religiosos, pero la investigación no generó mayor información. El trabajo no siguió adelante porque hubo mala comunicación con la Iglesia católica, dueña del lugar donde se realizan las excursiones.
“Fue el Obispo de la Diócesis de León y Chinandega, monseñor Bosco María Vivas Robelo, quien mandó a detener tales excavaciones”, aseguró Flavio Amador, responsable de las Relaciones con la Comunidad de la comuna. Los restos encontrados fueron nuevamente cubiertos con arena de mar, hasta un segundo intento.
El municipio de El Realejo no cuenta con recursos para hacer turismo histórico. Resulta demasiado costoso y de acuerdo con su presupuesto, que no incluye ayuda de ningún organismo no gubernamental, se prioriza para obras sociales de su población necesitada.
Las autoridades de El Realejo están conscientes que se requiere de un mayor estudio y una fuente de financiamiento interna o externa para interpretar los vestigios, la vida de los frailes franciscanos que vivieron en tiempos de la Colonia, hasta el sitio exacto donde funcionó el Burdel de las Pedrarias.
“Mi Gobierno busca la restauración del templo, encontrar patrocinadores de las excavaciones a las ruinas, una vez, que hayan acuerdos entre la Iglesia católica y la municipalidad”, dejó claro el Alcalde.
EL EMBARCADERO
El embarcadero de los españoles, como es conocido el sitio que en sus años de gran auge fue la ruta de los buscadores de oro, cuando transitaron por las aguas del Pacífico, con rumbo a California, es ahora el atracadero de al menos 20 cayucos donde desembarcan pescadores artesanales y realejeños que viven de las especies marinas que tienen su hábitat en los manglares que bordean el municipio por el litoral del Pacífico.
El estero de El Realejo es un abrazo de mar que está formado por varias corrientes que desembocan en un amplio estuario, entre ellos el río Ameya, el río Cosmapa que baja de las faldas del volcán San Cristóbal y los ríos de la Chorrera y el Telica, que desaguan en el estero Doña Paula.
“Si tuviéramos lanchas techadas como en Granada, podríamos ofrecer paseos al turismo local y visitantes”, comentó Alejandro Ríos, uno de los pescadores, quien asegura que nunca nadie se acercó para financiar este u otro trabajo en el mar.
El agradable paseo por la ruta de los piratas, que no es más que un recorrido de al menos cinco kilómetros entre manglares, donde se observan aves migratorias exóticas de bello plumaje, vestigio de tres viejos barcos piratas, varados sobre la ruta y que sólo pueden observarse en marea baja, podría tener un costo de 200 córdobas, cuando viajen ocho personas.
OPORTUNA VISITA
Intur está consciente de estas debilidades. Su delegada, Jeanne Orozco, anunció que autoridades del nivel central llegarán a El Realejo para conocer de estas limitaciones, crear estrategias y potencializar los atractivos turísticos naturales como aquellos que correspondan al turismo rural.
“Debemos comenzar por algo. Este lunes 19 comenzaremos con una campaña de ornamentación y limpieza de la ciudad. Una segunda actividad es capacitar a los pescadores, dotarlos de herramientas apropiadas de primeros auxilios, podríamos hablar de promoción de la zona turística.
Orozco tiene la esperanza que en seis meses más El Realejo estará mejor organizado y el año entrante hacer gestiones para que no sigan reposando las investigaciones alrededor de las ruinas de este hermoso punto de la geografía chinandegana.