Alemania mostró su capacidad de agresión imponiéndose a Costa Rica 4-2. Cuando se marcan seis goles en un juego inaugural, es porque se abren las puertas a un futbol esencialmente ofensivo, porque nadie se esconde y todos juegan distanciados de las especulaciones. ¡Qué bueno eso!
No había terminado de levantarse el telón de la Copa del Mundo, cuando el cañonazo de Torsten Frings hizo saltar a la multitud de sus butacas en el majestuoso Estadio de Munich, mientras el arquero tico José Porras descendía luego de un vuelo desesperado.
No fue gol, pero sí un aviso. Alemania en su ruidoso debut hizo prevalecer una ofensiva constante y efectiva, para derrotar a una entusiasta Costa Rica, pero todavía perteneciente al “bolsón” de los pequeños.
Ese gol de Philipp Lahm del Bayern, una impresionante estocada cruzada desde el sector izquierdo del área grande, a los 16 minutos, transformó la temprana advertencia germana en algo real, tomando ventaja 1-0.
¿Cómo podrían los ticos evitar verse azotados por un huracán? Tenían que mostrar una señal de vida antes que sus esperanzas saltaran hechas pedazos, y eso fue lo que proporcionó Paulo Wanchope, el incisivo delantero que juega en Qatar, culminando un contragolpe a los 12 minutos, para el 1-1.
Ese inconveniente no afectó a la tropa de Klinsmann. Sin percatarse de la ausencia de ese súper astro que es Michael Ballack, los alemanes tomaron posiciones, controlaron el balón, se movieron con seguridad, y sujetaron sus emociones para no volcarse con voracidad, sino manejar apropiadamente las oportunidades.
¿Y quién mejor para esa tarea que Miroslav Klose, para aprovecharlas? Sus goles en los minutos 16 y 61, mostrando su sentido del anticipo y facilidad para resolver, inclinaron la balanza 3-1 del lado alemán, y amortiguaron ese desborde tan bien realizado por Wanchope a los 72, para el 3-2.
¿Qué pretendía Costa Rica, sorprender al mundo forzando un resultado improbable?
No, esa posibilidad fue borrada bruscamente con el cañonazo de Torsten Frings, desplazándose hacia su derecha, corriendo junto con balón, y cambiando su trayectoria con un impacto violento y certero.