El recién pasado 5 de junio celebramos como cada año el Día Mundial del Medio Ambiente, tratando que sean momentos para promover la cultura y concienciación ambiental entre los nicaragüenses y habitantes del planeta tierra, asimismo llamar a la reflexión a las autoridades gubernamentales, militares, legisladores, laicos, religiosos y políticos.
Este año 2006 el tema seleccionado por la Naciones Unidas para el Día Mundial del Medio Ambiente fue Desiertos y Desertificación y el lema No Abandones a los Desiertos. No obstante en nuestra Nicaragua hemos entendido lo contrario, porque cuando el mundo se empeña en darle importancia de proteger a las tierras áridas y evitar la desertificación, aquí se toman decisiones que son desaciertos ambientales y destruimos los bosques, creando nuevos y los primeros desiertos en la región centroamericana. Estableciendo así ecosistemas más vulnerables y riegos a la población local.
En Nicaragua existe un Decreto Presidencial desde el 1990, que ordena la celebración, no la conmemoración de la Semana del Medio Ambiente, la que se convierte en un evento en que participa la sociedad civil y autoridades con matices e iniciativas locales que instan a la conservación de la naturaleza que nos regaló nuestro Padre celestial, nuestro Ser superior que creó el universo y dio potestad al hombre y a la mujer para gobernar sobre todas las especies, y todo lo que existiese creado en la tierra y en las aguas, y no nos dio sabiduría y potestad para destruir las riquezas naturales, de tal manera que ahora tan sólo una especie rara que somos los hombres y mujeres estamos desapareciendo centenares de especies animales y vegetales en el mundo entero, afectando asimismo el desarrollo sostenible humano.
Es así que Nicaragua, con las manos y bolsillos llenos, de unos cuantos salvajes y enemigos del pueblo nicaragüense, estamos celebrando ese día con el mayor crimen ecológico sucedido recientemente en la RAAN y Río San Juan, presentamos al mundo el trofeo del despale brutal de 1,046,000 mts cúbicos de madera preciosa de ecosistemas frágiles del Bosque Húmedo Tropical. La sociedad civil se ha cansado desde hace 26 años atrás de denunciar este desangre ambiental. Bueno queda en manos de las autoridades ¡ahora o nunca! No es justo que los alcaldes o autoridades competentes del recurso forestal, sólo estén pensando en efímeros chelines que cobran por impuestos para saquear nuestros recursos naturales, que pensar verdaderamente en el desarrollo y beneficio de su municipios y pobladores, al menos para que cumplan con sus falsas promesas electorales. Los nicaragüenses necesitamos tener seguridad ciudadana, seguridad alimentaria, seguridad ambiental y un futuro más próspero y lleno de bendiciones. No queremos para nuestro país ver una película con el título: Nicaragua, una muerte ambiental anunciada.