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La política “güegüensina”
Nicasio Urbina
El autor es catedrático y director de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Cincinnati

En el parlamento 153 de El Güegüense, nuestro inolvidable personaje le ofrece al Gobernador una tienda estupenda llena de maravillas y hermosuras: cajonería de oro, cajonería de plata, güipil de pecho, güipil de plumas, medias de seda, zapatos de oro, el lucero de la mañana, en fin, “muchintes hermosuras”. Las promesas del Güegüense, tenemos que aceptar, se parecen mucho a las de los políticos. En estos días todos estamos muy entusiasmados con la política chapiolla y tenemos esperanzas en que la vida cambie, el país progrese, se acabe el pacto, en fin... “muchintes hermosuras”; pero lo cierto es que, estimados compatriotas, sin importar quién gane en noviembre, el pacto continuará. Nadie puede gobernar en Nicaragua, en las condiciones actuales, sin pactar con el comandante Daniel Ortega y sus hordas de secuaces.

La historia de Nicaragua ha ido de trato en trato desde mediados del siglo XIX. El comandante Ortega con el lanzamorteros al hombro no va a dejar gobernar a quienquiera que gane en los próximos comicios. Y si él ganara, José Rizo y Eduardo Montealegre con sus respectivas bancadas en la Asamblea, van a tener que tratar de parar la maquinaria neo-chavista del comandante Ortega. Recordemos que las reformas constitucionales entrarán en vigencia el 20 de enero haciendo todavía más débil e inoperante la Presidencia. Las decisiones ejecutivas van a tener que ser aprobadas y ratificadas por una Asamblea Nacional, cuyo historial de eficiencia y objetividad ha sido deplorable. Sólo establecer el gabinete de gobierno y empezar a trabajar nos va a tomar varias semanas, ya no digamos echar a andar las estructuras burocráticas del Estado y la vida productiva del país. No crean que el próximo presidente no va a tener que pactar con Ortega.

El Consejo Supremo Electoral demostró ya en las elecciones municipales lo que es capaz de hacer. Sin embargo, como todos estamos entusiasmados con nuestros candidatos, creemos a pies juntillas que la elección es la respuesta. Y así debería de ser. No obstante cada día los nublados se van abigarrando más. El comandante Ortega ahora no sólo tiene la bendición del cardenal Obando, y ahora es católico de misa y comunión; sino que cuando se va a inscribir en el Consejo Supremo Electoral se hace cantar salmos y aleluyas que dicen: “Vos sos el Dios de los pobres, el Dios que surge en la calle, el Dios trabajador”. Cómo se ve quién es el patrón. Cuando llega a inscribirse el Comandante todos los magistrados del CSE salen a recibirlo con júbilo y alegría (a excepción de René Herrera), y el presidente Roberto Rivas lo llama “pionero de la democracia”. Si no estuviéramos acostumbrados a tanta güegüenzada, pensaríamos que estamos soñando en el mundo de Lewis Carroll o en el infierno de Franz Kafka.

El Güegüence se pasa casi toda la obra convenciendo al Gobernador que hagan un trato. Recuerden lo que decía el presidente Bolaños cuando andaba haciendo campaña con el PLC, “Hagamos un trato...”. En cada discurso, en cada parada de campaña, “hagamos un trato...”. Nosotros entonces aceptamos el trato, lo elegimos Presidente, y miren dónde estamos cinco años más tarde. Igual a como le dice el Güegüense al gobernador Tastuanes, “mosegua (hagamos) trato y contrato” (Parl. 234), y al final el Güegüense rompe el contrato y se le va arriba al Gobernador: “A la gorra muchachos” (Parl. 314). Esa es desgraciadamente nuestra comedia bailete. Doña Violeta hizo pacto con los sandinistas para poder gobernar, el Protocolo de Transición, y la legalización de la piñata fueron el trato de ese sexenio. Arnoldo hizo a través de El Padrino su pacto para poder gobernar, luego lo remozó con el repacto para protegerse, y ahora estamos viviendo el contrapacto. Don Enrique también ha tenido que pactar con Daniel para poder superar las diversas crisis institucionales en las que se ha visto. Y las cosas que no ha pactado, no las ha podido conseguir. Vean si no los resultados de su lucha contra la corrupción. “Mosegua trato y contrato señor gobernador Tastuanes”.

“Cosas veredes, amigo Sancho”, le dice Don Quijote a su escudero, en la frase apócrifa más famosa de El Quijote. Porque lo que no podríamos habernos imaginado nunca es que El Padrino iba a terminar de Padrino del comandante Ortega y doña Chayo. Después de haber aconsejado a Arnoldito (como le dice él cariñosamente), de haber recibido todo tipo de compensaciones, y después de haber sido artífice del pacto, ahora va de Vice del comandante Ortega. Para mí que ahí hay ménage-a-trois, o al menos pacto, repacto y contrapacto. En su libro La Contra (México: Planeta, 1989) Jaime Morales se pregunta: ¿Puede haber ignorancia o duda acerca de la ideología y propósitos totalitarios que con gran claridad se manifestaban en los propósitos y hechos del FSLN? (40). No sé si ahora El Padrino estará sufriendo de ignorancia o amnesia, o es que la perspectiva de la vicepresidencia es demasiado tentadora; pero que no nos quede duda que al ganar Daniel Ortega las cosas van a ser muy parecidas que en la década de los ochenta. Si no, vean lo que está pasando en Venezuela, ese es un retrato fidedigno de lo que le espera a Nicaragua. “Cosas veredes, amigo Sancho”.

Así que no basemos esta elección en la satanización del pacto, porque pacto siempre ha habido y habrá. De la única manera en que el próximo presidente puede en realidad cambiar las cosas es si después de tomar posesión, se asegura el apoyo del Ejército y la Policía, deshace la Asamblea Nacional y llama a una Constituyente; hace elegir a los diputados por elección uninominal representativa, profesionaliza el Poder Judicial y el Poder Electoral, acaba con las pensiones vitalicias y los numerosos abusos que hay, acaba con la inmunidad absurda tras la que se escudan los políticos, y mete presos de verdad a todos los que sean encontrados culpables por jueces independientes. Pero ya sé que todo esto es sueño de Quijote, porque en nuestra política güegüensina las cosas funcionan como entre el Güegüense y el Gobernador: “No nos portemos como tontos, como si fuéramos enemigos. Negociemos este fardo de ropa que traigo conmigo... ya pachigüe muyule (ya verás que te va a gustar)” (Parl. 125).

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