Aunque la Policía confirmó que han capturado a varios sospechosos por el robo en la Casa Hacienda San Jacinto, aún no aparecen por ningún lado las cinco pistolas Colt que fueron sustraídas de ese sitio histórico, esta semana.
El segundo jefe del Distrito Ocho de la Policía, subcomisionado Edmundo Vindell, aseguró que existen pruebas contundentes debido a las huellas dejadas en el lugar, por lo que presumen que ingresaron entre cuatro y cinco personas.
“Hemos hecho coordinaciones con todos los países centroamericanos para la búsqueda de estas armas, porque pensamos que esta red pueda sacarlas del país. Son armas cuya fabricación data del año 1812, lo cual les da un valor bien grande. Son muy valiosas para la nación y nosotros consideramos un acto criminal el de los delincuentes”, expresó el funcionario policial.
El jefe de la Dirección de Auxilio Judicial, comisionado mayor Julio González, estima que el robo de las pistolas no está relacionado con el ocurrido días antes en el Museo de León, de donde fue robada la fe de bautismo de Rubén Darío.
En el caso de la Hacienda San Jacinto, de donde fueron sustraídas las cinco pistolas Colt utilizadas por los filibusteros en la batalla del 14 de septiembre de 1856, el jefe policial estima que posiblemente los ladrones hasta pretendan utilizarlas para ejecutar otros robos, pues recordó que los delincuentes usan armas hechizas o hasta de juguete.
Mientras, en el caso de la fe de bautismo de Rubén Darío, no descarta que detrás de ese atraco estén coleccionistas tanto nacionales como internacionales.
González señaló que en este caso las investigaciones son difíciles de realizar, no hay avances debido a que en estos casos los ladrones difícilmente dejan pistas. A su criterio esto es similar al robo del documento original de la letra del Himno Nacional, ocurrido hace cuatro años en el Palacio de la Cultura, el cual nunca apareció. Aunque este caso aún no ha sido cerrado.
Fuentes ligadas al Instituto de la Cultura confirmaron que el documento fue reemplazado por otro que también es original, cuyo donante lo había recibido de manos de su amigo, el propio autor, don Salomón Ibarra.