Durante los últimos dos años el Ministerio de Salud (Minsa) reporta un promedio de 1,726 personas fallecidas por infartos del corazón o también llamado infarto agudo del miocardio.
En el 2004 fallecieron 1,752 personas y al año siguiente el número se fijó en 1,701. En ambos años la mayoría de los fallecidos superaba el medio centenar de vida.
El doctor José Ángel Montiel, director del Centro Nacional de Cardiología (CNC), dijo que la cifra de fallecidos es alarmante, porque al igual que las enfermedades del corazón, han ido incrementando con el paso de los años.
Los factores de riesgos que pueden provocar un infarto son las enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, diabetes, arteriosclerosis (endurecimiento generalizado de las arterias del corazón), obesidad, tabaquismo y sedentarismo.
“Las comidas ricas en grasa como el cerdo, jamón, tocino, chicharrón, hace que las arterias que alimentan al corazón se vayan llenando de placas ateromatosas o grasa y se obstruyen, esta parte del corazón no se alimenta y produce dolor, que es el dolor típico del paciente con infarto”, dijo el médico.
Al ocurrir un infarto hay una pérdida en la fuerza de la contracción del corazón y la persona se desploma, su presión arterial disminuye por completo y tiene que ser llevado con urgencia a un hospital. En la unidad de salud los médicos deben tratar de volver la presión arterial a su normalidad y mejorar las condiciones hemodinámicas del paciente.
la mitad muere
Lamentablemente estadísticas del CNR indican que el 50 por ciento de las personas, que sufren un infarto, no logran llegar a un hospital. Fallecen en sus casas o en camino a la unidad de salud.
Dramático también es conocer que sólo dos hospitales públicos del país, Lenín Fonseca y Roberto Calderón, de la capital, poseen una Unidad Coronaria para tratar este tipo de problemas.
“Del 50 por ciento que llega vivo al hospital, todavía tenemos una mortalidad del siete por ciento. Éstos fallecen a consecuencia de una arritmia cardíaca o fibrilación ventricular. Otra causa que mata al paciente es la destrucción del músculo del corazón”, expresó Montiel.
Los pacientes que no sufren estas afectaciones son tratados con medicamentos conocidos como trombolíticos, cuya función es desbaratar el coágulo que ha obstruido la arteria del corazón.
Si se tiene éxito la persona es sometida a un proceso llamado cateterismo, que consiste en introducir una sonda que llega a la arteria y luego de inflarla, en el lugar donde se originó el coágulo, se coloca una prótesis metálica o sten para evitar que la arteria se vuelva a cerrar.
Montiel clasifica a los pacientes infartados en cuatro categorías: el que sólo tuvo el dolor; el que llega con dolor, insuficiencia cardíaca y se trata con medicamentos; el que llega con acumulación de líquido en los pulmones y no puede respirar, es un caso de mortalidad alta y el que muere en la unidad coronaria por choque.