El primero de junio, cuatro países de Centroamérica comenzaron oficialmente un procedimiento que en Nicaragua no recibió la atención debida, pero que tiene un inmenso valor práctico y simbólico.
Esa fecha, “un día histórico donde echamos abajo barreras de siglos”, como expresó un director de Migración de un país vecino, los países del CA-4 iniciaron el “Paso Fácil”.
Eso significa la agilización de los trámites migratorios y aduaneros en las fronteras internas entre Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Eso significará un tránsito más rápido de personas, mercancías y vehículos y hará menos engorroso a los turistas visitar la región.
Si una persona ingresa, digamos, a Guatemala desde México, podrá, al menos como se ha explicado públicamente el procedimiento, llegar hasta Nicaragua sin mayores problemas, pues solamente el primer control será el más estricto.
A los centroamericanos sólo se les exigirá su cédula de identidad y llenar un formulario. Los menores de edad sí deberán presentar un pasaporte, para evitar el tráfico de niños.
Los funcionarios de Migración se acercarán a los vehículos y sus ocupantes no deberán bajarse.
Al menos así se ha concebido la cosa, aunque no sabemos aún como está funcionando en todos los puestos fronterizos existentes de los cuatro Estados.
Desde luego, para mantener este gran beneficio, las Policías tendrán que mejorar sus controles y el intercambio de información, dada la fuerte actividad del crimen organizado.
Una virtud incuestionable de este acuerdo es que el “Paso Fácil” es una de esas medidas que ofrecen a los ciudadanos centroamericanos una ventaja tangible y muy práctica de la integración.
Cuando vemos y disfrutamos algo así, entonces los centroamericanos comunes y corrientes podemos decir: “Vale la pena estar integrados”. Es un beneficio evidente. Se toca y se saborea.
Esto es algo que sirve más a crear una conciencia integracionista que ruidosas reuniones de presidentes donde, además de seguir creando normas que no se cumplen o acuerdos que luego resulta difícil entender, nuestros mandatarios llegan a contarse chistes, o a brindar en medio de una estruendosa verborrea que le pararía los pelos al mismísimo Francisco Morazán.
“Es un buen paso en una dirección correcta”, me comentaron fuentes diplomáticas en Managua. Ocurre en un contexto de importancia.
En mayo pasado, la región se anotó un triunfo diplomático. En la Cumbre Eurolatinoamericana de Viena, los jefes de Estado o de Gobierno de la Unión Europea, de 25 miembros, y los presidentes centroamericanos, anunciaron el lanzamiento de las negociaciones para un acuerdo de asociación que incluye un tratado de libre comercio. Sumando el tratado con Estados Unidos, nuestros países tendrían así acceso a los dos mercados más grandes del mundo.
La Comunidad Andina y el Mercosur no lograron algo así.
La decisión definitiva de emprender las negociaciones —que aún no tiene una fecha precisa— fue adoptada ya en marzo, en una reunión de la comisión mixta que ve los detalles técnicos.
Sin embargo, no hay un cheque en blanco. La negociación está ligada al compromiso centroamericano de hacer funcionar una unión aduanera real y de acordar un sistema de arbitraje. Los presidentes establecieron diciembre de este año como un plazo para la unión. Ya lo han hecho en otras ocasiones, pero no han cumplido. Esta vez, no puede haber juegos.
Otro importante tema en el que los europeos insisten es lo que fuentes diplomáticas llaman “un fortalecimiento institucional de la integración”.
Para dar un ejemplo concreto, la UE quiere que todos los países miembros del SICA se integren a todos los órganos comunitarios, como la Corte Centroamericana de Justicia, o que entren a la SIECA. Así, no sería extraño ver pronto a dos magistrados guatemaltecos en la CCJ y se espera que Panamá se incorpore a la SIECA. Igualmente, se verá con buenos ojos un mejor Parlacen. Tanto antes como después de la cumbre, Costa Rica, el país menos entusiasta, ha callado.
¡Ah, y olvídense que un TLC será negociado entre cada país y la UE, como con el DR-Cafta! La UE exige un equipo negociador único centroamericano. No uno por cada Estado.
“Es una negociación de región a región”, enfatizaron las fuentes diplomáticas.
Varios detalles están siendo afinados para antes del final de año. Pero incuestionablemente, Centroamérica va dando pasos hacia adelante, algunos son difíciles y otros, “fáciles”.