Hice un recorrido, en Managua, por el parque Luis Alfonso Velásquez, donde fue el Teatro González, el Correo y otros lugares cercanos a éstos. El citado recorrido fue con el objeto de entrevistar algunas chavalas de la “calle”, es decir quienes alquilan su cuerpo. En la referida entrevista hablé con la número “X”. Ésta tiene 28 años, dos hijos, fue violada por su padrastro cuando tenía 14 años, por esta razón la madre la corrió, la echó a la calle. Ahí empezó su calvario. Para conseguir su alimento se dedicó a la prostitución. Esto fue diario, a cualquier hora del día. Dice que recibe cinco a ocho clientes por día, a los que les cobra cincuenta córdobas a cada uno. A la edad de 18 años se fue de doméstica a Costa Rica, allá no ejerció el oficio acostumbrado. A su regreso a Nicaragua volvió a la rutina de siempre. Los cincuenta pesos y adiós. A pesar del ritmo acelerado de su oficio, no parece maltratada. Dice que por una noche cobra 500 córdobas, aunque luzca un poquito desarreglada y no ofrece ninguna belleza. Dice que le gusta el dinero, pero en su vestimenta no se ve algo de ello. Es probable que tenga, o alguien que le dé dinero. ¡Pobrecita! seguirá esta vida mientras le dure la juventud, ¿Después cómo conseguirá otro ingreso? ¿Volverá a ser doméstica? ¡Qué ritmo de vida le ha tocado pasar en este planeta! ¿Por qué?
La otra entrevistada, “XX” tiene igual edad. Ésta comenzó a los 14 años, pues sin más ni más se lanzó al abismo de la prostitución callejera, ya que no había dinero para vivir dignamente. Ésta es un poco introvertida, ya que no habla mucho y de mentiras está llena en cartera. Ilusa, pues quisiera que sus palabras fueran realidades, vive un poco en el aire. Sueña despierta, igualmente que la anterior dice que cobra cincuenta córdobas por cliente, y recibe tres por día. Su cuerpo no está mal formado, pero su rostro no refleja la edad que dice tener. Tiene dos hijitos, su camino está lleno de espinas pues cocina, lava, plancha y da de comer a sus hijos. Fuera de ello tiene que estar en el romance popular involuntario. Día a día es lo mismo, es como el sol, se acuesta y éste vuelve a salir.
La violación, la explotación sexual en la niñez y la adolescencia, además de causar repercusiones físicas, degrada sus emociones y sentimientos, que jamás se borran. La sociedad nicaragüense por medio de Conapina, Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, Coordinadora de la Niñez, Casa Alianza, Ministerio Público y Ministerio de la Familia, presentó desde hace tres años ante la Asamblea Nacional, una propuesta para penar como se merece a los violadores, abusadores y explotadores sexuales.
Los diputados, que dicen representar la voluntad del pueblo, deben defenderlo aumentando las penas a los que dejan una huella indeleble en las mentes de estos seres indefensos.