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El sida puede ser vencido

El director del Programa de las Naciones Unidas contra el Sida (Onusida), el científico médico belga Peter Piot, declaró a mediados de esta semana que el mundo continúa perdiendo la batalla contra esta terrible enfermedad. Por su parte, el Secretario General de la ONU, Koffi Annan, advirtió el jueves recién pasado, al inaugurar en Nueva York una conferencia especial sobre este grave problema que tiene dimensión internacional, que “el mundo no ha cumplido con las metas trazadas hace cinco años para combatir el sida”.

Sin duda que hay mucho realismo en las aseveraciones sobre el sida de ambos altos funcionarios de la ONU. Pero también tienen cierta dosis de dramatización, seguramente con el propósito de motivar a los gobiernos del mundo, sobre todo de los países desarrollados y ricos, a aportar más fondos para combatir el mal de males que es el sida.

En efecto, el doctor Piot señaló que “la intervención de la comunidad internacional es muy baja en muchos países con poblaciones en situación crítica. Tenemos que intensificar la respuesta en contra del sida”. Mientras que las observaciones de Annan, según periodistas que han cubierto la reunión de Onusida, “tenían por objeto crear un sentido de urgencia en el primer día de la reunión”, que dicho sea de paso se ha celebrado en vísperas del 25 aniversario de que se describió por primera vez el sida, el 5 de junio de 1981, aunque ya desde los años cincuenta del siglo pasado hubo casos de esa enfermedad.

En realidad, en el mismo informe de Onusida que se dio a conocer esta semana, se reconoce que el sida se ha reducido en el mundo, aunque el contagio continúa y por eso es urgente movilizar los recursos y los esfuerzos necesarios para contenerlo y, más adelante, erradicarlo. En este sentido tienen razón el secretario general Annan y el doctor Piot, en cuanto a que si los gobiernos y las sociedades de todos los países del mundo aportaran más recursos e hicieran mayores esfuerzos concertados, en la lucha contra el sida, éste podría ser remitido y posteriormente vencido y erradicado.

En relación con esto, un científico del Center British Columbia, de Vancouver, Canadá, el doctor Julio González Montaner, aseguró —también esta semana, pero no en la reunión de Onusida sino en un congreso de la Sociedad de Infectología de Argentina—, que “morirse de sida es un pecado, porque los tratamientos están, existen y funcionan”.

Según informó el diario La Nación, de Buenos Aires, en dicho congreso científico médico que se celebró en Mar del Plata, se dio a conocer el dato de que “la mortalidad por causa del VIH ha declinado en un 90 por ciento y que por primera vez en 25 años, desde que se diagnosticaron los primeros casos de sida, se logró reducir su crecimiento constante a nivel mundial, sobre todo gracias a la prevención”.

La dificultad principal en la lucha contra el sida, es que no obstante que se trata de una enfermedad que ataca igualmente a pobres y a ricos, sin embargo, su incidencia es mayor en los países y la gente más empobrecida. Además, el costo del tratamiento del sida por persona es de unos 15 mil dólares anuales, de manera que el aporte de los Estados se vuelve indispensable para que la mayoría de las personas enfermas puedan adquirirlo y aplicárselo.

Por otro lado, ante la imposibilidad —hasta ahora— de encontrar la vacuna apropiada para evitar el sida, la previsión viene a ser de máxima importancia. Y para esto es indispensable que los gobiernos se concerten con la sociedad, con las iglesias, con las organizaciones cívicas, con las familias, a fin de promover una conducta previsoria efectiva, ante todo en la adolescencia y la juventud.

En este sentido, dedicarse a pelear por la definición de cuál método de prevención es el mejor, el más efectivo y ético: la abstinencia sexual o el uso del condón, viene a ser secundario. Lo importante es prevenir, y a quienes quieran hacerlo mediante la abstinencia hay que alentarlos a que la practiquen, en tanto que a los que prefieran otras formas de prevención también hay que apoyarlos en su decisión.

El sida —como el terrorismo en su campo— pareciera ser un mal invencible, pero la verdad es que haciendo y concertando los esfuerzos apropiados, la humanidad terminará por vencerlo.

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