Abuso
¡Qué mala entrada ha hecho don Francisco Fiallos en el Ministerio de Gobernación! Una de sus primeras acciones ha sido poner policías a custodiar la construcción de un muro cerca de su casa, que parte de un viejo litigio que mantiene con un vecino. No sé quién tenga la razón, pero de lo que sí estoy seguro es que nadie ha puesto a don Francisco Fiallos como Ministro de Gobernación para que use su autoridad para resolver asuntos personales.
Dos mundos
La madrugada del martes, unos ladronzuelos se meten a la casa de Pedro Solórzano y se roban un pavo real y una lapa. La Policía despliega a sus fuerzas especiales, la técnica canina y a miembros de la seguridad personal en un operativo que hizo parecer que Bin Laden estaba en Managua. La mañana del martes, tres delincuentes, dos de ellos con machetes y otro con pistola, secuestran un bus lleno de pasajeros y los desvalijan uno a uno. La Policía ni siquiera registra el hecho. Posiblemente estaba ocupada buscando el pavo real de Solórzano.
Cuchara grande
En ambos casos dicen que ha estado la mano del nuevo Ministro de Gobernación que está aprovechando los cinco meses que estará en el cargo para resolverse algunos problemas personales y atender, por supuesto, a su club de amigos, según esa dañina concepción de que el Estado es para servirse y no para servir. ¿Y se acuerdan que Fiallos quería ser presidente? ¡Dios nos libre!
Ofensas
La última víctima del Frente Sandinista parece ser la Bandera Nacional. Me resulta difícil entender cuál es el interés por humillarla, quitarle su dignidad, envilecerla. Un día la usa Daniel Ortega como capa o bufanda y al otro, el alcalde Dionisio Marenco como carpa para tapar un monumento. No se trata de ser patriotero por gusto, pero un poco de respeto deberían de mostrar. Esos hechos no sólo violan la ley sino que ofenden sensibilidades, incluso de algunos sandinistas.
Impunidad
Pero si el abuso que se ha hecho con la Bandera viola la ley, la misma ley contempla algunas sanciones. El asunto es, ¿quién va a ponerle el cascabel al gato? ¿Será el Consejo Supremo Electoral quien le jalará las orejas? ¿Serán los tribunales? Olvídense. “Para qué mandamos pues”, dirán con una sonrisa de oreja a oreja.
Pacto de corrupción
Volvemos al archifamoso pacto, y vamos al punto: los artífices del pacto generalmente lo defienden diciendo que pactar no es malo. Que pactar, al contrario, es una forma civilizada de solucionar desacuerdos. Y es cierto. Y ponen de ejemplo otros pactos y preguntan: ¿Por qué no los critican a ellos? Señores, es que hay pactos de pactos. Este que llamamos “El Pacto” en realidad es un pacto de corrupción, donde dos mafiosos se dividen el territorio y la forma cómo esquilmarán a los ciudadanos.
Degenere
Al partidarizar las instituciones han degenerado el servicio público. Así, la Contraloría y la Fiscalía, que deberían servir para contener los abusos con el erario, de un tiempo para acá sólo se les ve limpiando todos los abusos que puedan haber cometido los señores de este pacto, y persiguiendo, con razón o sin ella, a quienes les adversan políticamente. Igual el Consejo Supremo Electoral. Esta institución debería ser la más preocupada por que los ciudadanos obtengan su cédula. ¡Ese es su trabajo! En cambio, se les ve poniendo todas las trabas posibles para impedir la cedulación sólo porque de alguna manera le conviene a los partidos del pacto.