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Apoyar la industria nacional
Glenda de Argüello
La autora es docente de Administración de Empresas y Mercadeo.

Es increíble la enorme cantidad de productos fabricados en diferentes partes del mundo que son ofertados en diversos supermercados, tiendas de conveniencia, mercados, centros de comercio y otros, lo cual no es más que parte de la conocida globalización y libre mercado.

A través de los tiempos hemos visto con tristeza y hasta con nostalgia desaparecer algunas empresas en Nicaragua, así como también hemos visto con alegría el fortalecimiento de algunas ya existentes y el surgimiento de medianas y pequeñas empresas, las cuales han abierto operaciones con la esperanza y confianza de que existe un espacio tanto en el mercado nacional como internacional.

Es importante comprender que cada empresa que se establece en Nicaragua y principalmente las conformadas con capital nacional, significan la creación de nuevos empleos directos e indirectos que vienen a disminuir la alta tasa del nivel de desempleo, la cual a su vez es sinónimo de pobreza.

Sin embargo, el desarrollo y éxito de estas empresas depende principalmente de sus clientes o consumidores, o sea que de alguna forma todos y cada uno de nosotros como nicaragüenses somos responsables en alguna medida del éxito o fracaso de las empresas nicaragüenses que pertenecen a las diferentes industrias y por ende de las familias de los trabajadores que laboran para ellas.

Bastaría con abrir nuestras neveras y despensas, luego separar la cantidad de productos que hemos comprado y que son hechos en Nicaragua para darnos cuenta que tan nacionalistas somos realmente, pues siempre es fácil culpar a los gobiernos de la situación económica del país y nos olvidamos que las empresas sobreviven únicamente si hay personas dispuestas a comprar sus productos o servicios.

No debemos olvidar que el papel del Gobierno debe ser de facilitador en la creación de condiciones necesarias y justas para promover una libre y sana competencia con una visión de nación. Pero nos corresponde a todos nosotros compartir esa visión apoyando a las empresas, pensando que cada vez que compramos sus productos o servicios aportamos al desarrollo del país. Por tanto, cada vez que vayamos a comprar un producto leamos antes en su etiqueta dónde es fabricado y tengamos en mente el aporte que estamos haciendo al desarrollo económico.

Cambiemos el pensamiento erróneo de considerar lo extranjero como sinónimo de calidad, pues existen un sinnúmero de empresas con altos estándares de calidad internacional. Debemos sentirnos orgullosos de contar con productos de alta calidad elaborados por manos de hombres y mujeres nicaragüenses, así como también promoverlos entre quienes aún no los consumen quizás por falta de conocimiento.

Adoptemos una cultura realmente nacionalista, amemos a Nicaragua y saquémosla adelante para poder decir desde el fondo del corazón y con mucho orgullo: “Soy nicaragüense por gracia de Dios”.

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