Carolina tiene nueve años y dos hermanos menores con quienes vende chiclets en uno de los semáforos del sector capitalino de Altamira.
Ellos tres forman parte de los más de cincuenta mil niños y adolescentes entre 7 y 17 años que trabajan y están fuera del sistema escolar, de acuerdo a los resultados preliminares de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil y Adolescente (ENTIA 2005).
El estudio indica que sólo el 60.3 por ciento de los niños ocupados estudia la primaria de manera regular; y el 26.1 por ciento está en secundaria, mientras el 13.3 por ciento está fuera del sistema escolar.
Los resultados de ENTIA 2005 también revelaron que en el país hay 266 mil niños y adolescentes trabajadores, de los cuales unos 239 mil estaban en alguna actividad laboral durante la aplicación de la encuesta, en noviembre pasado.
Debora Comini, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), explicó que el trabajo infantil es dañino, porque los menores no acceden a la educación.
“En Nicaragua hay muchos niños que recurren al trabajo para sobrevivir. El problema es que si los niños no acceden a la educación no tendrán un desarrollo integral ni podrán contribuir al desarrollo del país”, dijo Comini.
RETROCESOS Y AVANCES
Entre los hallazgos de ENTIA 2005 también se revela que en Jinotega aumentó el número de niños y adolescentes trabajadores. En el 2000 se identificaron 18 mil en esa situación, pero en el 2005 la cifra ascendió a 33 mil.
En Rivas, durante el año 2000, se identificaron siete mil menores trabajadores. Pero cinco años después subió a doce mil. En Río San Juan habían cinco mil y la cifra ascendió a 13 mil. En el resto de los departamentos las cifras disminuyeron.