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Las dos caras de El Güegüense
Mario Ruiz Castillo
El autor es abogado

En tiempos de un poderoso Ministro de Gobierno lo escuché varias veces afirmar ante delegaciones extranjeras, que los nicaragüenses, al igual que en la obra teatral El Güegüense, tenemos dos caras. En la obra, la del español altanero, jactancioso y deseoso de ejercer su poder y la del indio aparentemente sumiso que acata órdenes y se burla por detrás del español.

Así, decía el Ministro, es difícil comprender la idiosincrasia de este pueblo. Por un lado dice una cosa y por el otro está pensando y actuando de otra forma. La máscara de dos caras es un símbolo casi nacional, es la propia esencia de la cual está hecho el nica.

Han transcurrido muchos años desde que oí a aquel Ministro y muchas veces he pensado —al contemplar actuaciones de políticos, profesionales, trabajadores y personas en general— si tenía o no razón; porque he presenciado actuaciones propias de un actor de teatro experimentado en diversos escenarios y cabe decir que el cinismo y la desfachatez se quedan cortos; como dice un refrán popular, hasta son capaces de matar e ir al entierro.

Por ello no es raro que un político hoy sea partidario o adepto a algo y mañana manifieste lo contrario; he contemplado con asombro a profesionales servir a intereses contradictorios y cobrar honorarios a ambos. Hasta las encuestas que reflejan en otras latitudes una aproximación del porvenir, quedan estancadas aquí por esa fisonomía doble.

La conducta del güegüense se traslada a instituciones y empresas en políticas, a manera de ejemplo en las destinadas a recaudar pagos de servicios, en realidad fomentan la cultura del no pago, porque se premia al que no paga en tiempo cobrándole menos y al final paga más el que paga cumplidamente, porque al pagar en tiempo no obtuvo el descuento de los morosos, luego se dice que somos malos pagadores. El que reclama no paga en algunas empresas y el que acata sumisamente un cobro lo castigan cobrándole, en vez de premiar al que cumple con sus obligaciones, esa es la ley del güegüense.

¿Cómo creer y cuándo estar seguro de que se nos dice la verdad, o lo que siente? Todo puede depender de con qué lado nos comuniquemos, con la cara del español o la del indio, el problema estriba en reconocer nuestro interlocutor y es muy embrollado, retorcido y confuso identificar cuál de las caras se expresa y a veces todo indica que ambos mienten y son tramposos.

Aun con todo lo dicho, disiento del ex Ministro porque aún tengo la esperanza de que vive en nosotros algo bueno de dos culturas disímiles, que no tenemos dos caras totalmente antagónicas, sino que coexisten ambas dentro de un medio que es liderado por los hombres y mujeres de dos caras, los que pretenden hacernos a la medida de su físico, ambiciones y aspiraciones. Somos más los de un solo rostro, sin embargo, nos arrastran y nos dejamos remolcar por unos cuantos bifaciales.

Cuando señalamos actos reñidos con la ley, el orden, el bien común y la convivencia social, es premisa de la presencia de seres que creen todavía en valores que trascienden el lodo y fango humano, en nuestro caso más propio de los seres duales. El Güegüense es una verdadera joya teatral que refleja una época, un pasado remoto, así como una rebeldía a la sumisión irracional, de la que creo sinceramente nos sentimos muy orgullosos y dispuestos a defender a cualquier costo, en ese sentido sí concuerdo con el señor ex Ministro y acepto cualquier similitud con el güegüense.

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