Una noche antes de la conferencia de prensa en el Yankee Stadium, en la que José Ariel Contreras sería mostrado a los medios de Nueva York como la más reciente adquisición de los Bombarderos, el vicepresidente de los Yanquis, Gordon Blakeley, lo invitó a una cena en un lujoso restaurante de la ciudad de los rascacielos.
“Ahí me pasó algo cómico. Fijate que nos fuimos al restaurante con Gordon, Carlos Ríos (coordinador de scouts de los Yanquis) y Jaime Torres (su agente), y nomás entramos al lugar, se hace una gran fila de gente pidiéndome autógrafos. Y comienzo a firmar. Chico, no he ganado un partido con los Yanquis y esta gente ya me quiere, pensé. De pronto, una persona le dice a Gordon —porque yo no hablo inglés ahora y menos antes— que me agradeciera por el autógrafo. El señor le dice un nombre, pero entonces Gordon le aclara que no soy ese. Que soy José Contreras. Y ahí se terminó la fila. Me habían confundido con un jugador de futbol americano muy famoso”, explica Contreras, mientras sonríe.
Pero luego no hubo muchas razones para sonreír en Nueva York. Después de un difícil entrenamiento de primavera Contreras se lastimó, fue enviado a las Ligas Menores y un año y medio después de actuaciones inconsistentes fue cambiado a los Medias Blancas.
Mucha gente dice que no aguantaste la presión de Nueva York…
¿Presión, chico?... Yo presión sentía en Cuba por muchas razones, entre ellas cuando no tenía nada para llevar a la mesa de mi familia. Presión sentía cuando lanzaba por Cuba y había 11 millones de cubanos exigiendo la victoria. Y luego al llegar a la isla Fidel Castro estaba en el aeropuerto y había que darle explicaciones cuando se perdía o cuando se ganaba. Creo que a los Yanquis les faltó un poco de paciencia conmigo.
¿Y en Chicago, qué fue lo que cambió todo?
Encontrarme con equipos con deseos de ganar, con muchos latinos y con Ozzie Guillén, quien ve a los jugadores como una familia. Recuerdo cuando me dijo “oye, lanza como lo hacías con Cuba frente a Italia en los mundiales”, y eso me llegó. La gente dice que el beisbol es el mismo, pero no es así, las Grandes Ligas tienen una zona de strikes distinta, los bateadores cometen menos errores y viven haciendo ajustes. Eso toma tiempo y si no hay paciencia no se llega a ningún lado.
Ahora lo extrañan en Nueva York y a menudo hacen fila en los restaurantes para pedirle un autógrafo, pero no hay confusión. Saben que es José Contreras.