Estos poderosos fondos de inversión son la liquidez en persona. Cuando apuestan a un mercado, parece que el alza no tendrá fin. Pero cuando deciden cambiar de posición, es como cuando el mar se recoge antes de un tsunami.
Son los fondos hedge. Y algo así ocurrió en los mercados financieros del mundo a mediados de mayo, cuando las bolsas de valores, commodities y monedas de todo el planeta se sacudieron violentamente después de un cambio de expectativa sobre la política monetaria de Estados Unidos. Como siempre, los fondos hedge fueron los primeros sospechosos de gatillar la crisis.
Sin embargo, esa industria ha cambiado en los últimos años, haciéndose más popular y diversificándose. Se ha desarrollado ampliamente en América Latina, con Brasil con la gran mayoría de los cerca de 220 fondos que administran más de US$25,000 millones, según la estimación de la publicación especializada Hedgeweek.
Además de la emergencia de los fondos locales, la región viene participando de la industria global, donde 8 mil fondos administran un patrimonio de US$1.2 billón, que debe llegar a US$2 billones en 2009 y a US$6 billones en 2015, según previsiones recogidas por la consultora estadounidense Financial Research Associates.
La más reciente novedad en la región es una nueva inversión del austriaco Superfund, que administra US$1,700 millones en el mundo. Con oficinas en São Paulo y Montevideo, el fondo planea lanzar una cartera de activos latinoamericanos, comenzando por la Bolsa de Mercadorias e Futuros (BM&F) de São Paulo, la más desarrollada de América Latina y con potencial de liquidez adecuado para ese tipo de fondo, dice María Helena Valio Icó, directora ejecutiva del grupo para América Latina. Superfund fue el primer fondo hedge dedicado al inversionista pequeño en Estados Unidos, con un límite de entrada de hasta US$5 mil. Incluso hace publicidad en la TV. “En América Latina aún no tenemos planes de anunciar”, dice la ejecutiva. “Pero estamos negociando con las autoridades locales el límite de entrada, para que sea un valor accesible”.
El gran atractivo de los fondos hedge es que pueden ganar en mercados al alza y en caída. De hecho, la palabra “hedge” viene del concepto de “protección contra pérdidas financieras”, destaca un informe de Superfund. Con una gran variedad de instrumentos, los fondos se protegen contra caídas y se apalancan, montando carteras de inversión mayores que el dinero aportado por los inversionistas. Con eso, asumen más riesgos que un fondo mutuo común. Por otra parte, en la mayoría de los países son menos regulados que el resto de la industria.
Dada la tendencia a la popularización y el riesgo de la inversión, las autoridades se resisten a bajar los límites de entrada. Hasta hace poco, la gran mayoría de sus inversionistas eran personas con un patrimonio sobre los US$200 mil o agentes institucionales. Pero la industria dobló su tamaño en los últimos cuatro años y hoy atrae una gama más amplia.
cuidado...
El temor de que personas estén invirtiendo sin conocer el riesgo que corren llevó al presidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Ben Bernanke, a alertar al público sobre la posibilidad de pérdidas. “Los fondos hedge ofrecen perspectivas altas de retorno, pero también altos niveles de riesgo”, dijo Bernanke en una conferencia sobre el tema en el Estado de Georgia, en mayo. “Quienes tienen experiencia saben, o deberían saber, que en algunos años algunos fondos hedge pierden dinero y otros cierran”, dijo al argumentar que el mejor tipo de control para esa industria es el análisis de riesgo de los propios inversionistas.
La intención era evitar crisis como la del Long Term Capital Management (LTCM), un fondo hedge que colapsó en 1998 y necesitó de un rescate de US$3,500 millones organizado por la Reserva Federal entre los propios aportantes, para evitar una reacción en cadena de los mercados.
“Esa necesidad de diferenciar las caras buenas de las malas llevó al surgimiento de un nuevo participante del mercado: el asignador de cuotas”, dice Ricardo Simone, director ejecutivo da Safdié DTVM, en São Paulo. La subsidiaria del banco suizo controlado por brasileños tiene el mayor de los fondos de América Latina, el Safdié Latam Fund. Está en una categoría de fondos globales que invierten en carteras administradas por locales y cuyos recursos son férreamente disputados por las estrellas del mercado latino.
“En nuestro banco, tenemos un libro de 60 páginas sobre cada fondo en que invertimos, con datos como el historial del gestor, dónde y cómo ganó o perdió dinero y cuál fue su desempeño en la última crisis”, dice Simone, cuyo fondo consiguió captar US$25 millones en mayo, aumentando el patrimonio a US$100 millones. “Con la figura del asignador de cuotas, que no existía en 1998, la propia industria se vuelve más madura: los fondos buenos crecen y los malos no crecen mucho o después de algún tiempo desaparecen”.
La estrategia ha resultado y Safdié ha conseguido entregar la tan deseada protección a sus inversionistas. “Ejemplo son algunos fondos en que estamos invirtiendo y cómo pasaron por la crisis de mayo”, dice Simone. Hasta el 25 de ese mes, cuando la Bolsa brasileña mostraba una caída de 23 por ciento en dólares, uno de los fondos que Safdié tiene en Brasil (uno de los más grandes del país dedicado a acciones), perdió apenas uno por ciento, después de rendir 8 por ciento en abril. “Los gestores demostraron ser buenos en crisis anteriores. Son rápidos para percibir el valor del mercado y cambiar de mano”.
inteligencia artificial
Otro ejemplo fue un gran fondo en que Safdié invierte en Brasil, de US$550 millones, dedicado a apuestas macroeconómicas. Protegió su cartera comprando derivados de dólar y terminó registrando una pérdida de 1.2 por ciento hasta el 25 de mayo, después de una ganancia de 4.73 por ciento en abril.
Pero esos casos son excepciones en una industria que sufrió durante este mayo rojo. Aunque no hay un seguimiento público de los fondos hedge globales, en el mercado se habla de pérdidas de hasta 50 por ciento. “Los participantes más débiles pueden ser expulsados y eso es bueno”, dijo el director gerente de Superfund Asset Management, en entrevista a Reuters. El principal fondo del grupo perdió 8 por ciento en mayo, habiendo apostado a los metales como oro, cobre y plata, pero todavía acumula un alza de 4.6 por ciento al año.
Para evitar situaciones desagradables con los clientes, a veces el propio fondo se encarga de alertarlos de los riesgos y aconseja la diversificación. Es el caso del canadiense Lake Shore, que viene montando oficinas y haciendo alianzas para atraer clientes en diversos países de América Latina, y recomienda no poner más de 10 por ciento de su patrimonio en sus fondos. Después de la crisis del 2002, Lake Shore adoptó un sistema de inteligencia artificial, donde la combinación de dos softwares avala las decisiones del fondo comparándolas con las de la competencia y aprende con sus propios errores y aciertos. Además, el fondo dispone de mecanismos automáticos de limitación de riesgo y de pérdidas para los inversionistas. “Con esto conseguimos reducir nuestra volatilidad, pero aún mantenemos una rentabilidad sobre la media del mercado”, dice el vicepresidente de Lake Shore para América Latina, Mauricio Porras.
El hecho es que para los latinoamericanos el abanico de opciones tiende a crecer más este año. Y quien sepa escoger bien sus gestores y diversificar las inversiones podrá surfear sobre el próximo tsunami en los mercados, en vez de ser aplastado por él.