Es bien sabido que cuando las dificultades aprietan muchas personas buscan soluciones rápidas, sin importar de dónde ni en qué términos se consigan. Y es comprensible. Pero a veces hay situaciones en las que es mejor renunciar a una solución que pronto se podría convertir en un problema mayor. Por ejemplo, el robo y el asalto no son soluciones adecuadas a la pobreza. En sentido positivo, cuando alguien se propone hacer una buena obra, debe asegurarse de que además de buena, esté bien hecha.
Los procedimientos son importantes. Los medios son importantes. En el caso de la crisis energética de Nicaragua buscarle una salida es un fin deseable. Pero la manera en que se hace no carece de importancia. La manipulación partidaria de la necesidad social para comprar el voto de los ciudadanos es indecente. Jugar con los problemas económicos de la gente es inmoral.
El Gobierno de Nicaragua tiene la obligación de velar para que ningún partido se aproveche de la crisis energética con el fin de inclinar hacia su lado la balanza de la opinión pública. En este caso, el mérito del alcalde sandinista Dionisio Marenco es haber llamado la atención a la alternativa venezolana para obtener petróleo. Aprovechando su identidad político-ideológica con el presidente izquierdista Hugo Chávez, el alcalde Marenco solicitó un cuantioso crédito petrolero que rápidamente le fue concedido. Pero esa deuda no la pagaría el alcalde Marenco sino el Estado de Nicaragua, o sea todo el pueblo nicaragüense, de manera que la contratación de una nueva deuda petrolera tiene que ser entre gobierno y gobierno.
Otra cosa sería que el alcalde Marenco y sus correligionarios hicieran de Albanica una empresa privada y contrataran en condición de particulares la deuda petrolera con Venezuela. En ese caso, el Gobierno no debería tener ninguna razón para negarle la autorización a Petronic de negociar con la empresa privada de Marenco y los alcaldes sandinistas la traída y el almacenamiento del petróleo.
Pero lo que los sandinistas quieren es sacar un beneficio político. Además, Chávez, por encima de los intereses de los pueblos tiene una agenda de regionalizar su neomarxismo en América Latina, y si Ortega ganara las elecciones de noviembre próximo, él sabe que les cobraría con creces el petróleo que ahora está ofreciendo. Los dictadores, como los padrinos de la mafia siciliana, tarde o temprano se cobran los favores que les fueron solicitados en un momento de apremio o de desesperación.
El alcalde Marenco ya confesó en televisión que el petróleo venezolano es un mecanismo sandinista de naturaleza electorera, que felizmente “coincide” con la crisis energética actual. A confesión de parte, relevo de pruebas. Lo importante para el FSLN es que el pueblo crea que Ortega es la solución. Lo que no dicen es que muchos de los problemas que hoy tiene la nación son resultado del ominoso pacto libero-sandinista que no deja despegar al país. Es posible que si el alcalde Marenco lograra que el petróleo venezolano llegara, algunos de los problemas inmediatos se resolverían temporalmente. Pero, además de que en cualquier caso serían los contribuyentes en general los que pagarían la deuda caribe de ese petróleo, si Ortega ganara las elecciones todos los nicaragüenses pagarían después los platos rotos, cuando cambiaran el TLC con EE.UU. por el Alba de Hugo Chávez, cuando el país se uniera a la confrontación antinorteamericana, cuando sacaran a los inversionistas extranjeros y otra vez se implantara la represión de una dictadura partidista o personalista.
El presidente Bolaños ha dicho que no facilitará la llegada del petróleo venezolano para los sandinistas, porque teme lo que podría ocurrir con los 240 millones de dólares de deuda que dejaría la transacción. Esta es una buena razón, considerando la manera irresponsable en que se manejaron los fondos públicos y la propiedad del Estado durante el régimen sandinista de los años ochenta.
El petróleo de Venezuela es tan bueno como cualquier otro. Hacerlo llegar a Nicaragua en términos preferenciales ´es bueno y necesario. Pero esta buena obra habría que hacerla bien. Y lo bien es que el Gobierno de Nicaragua negocie directamente con el de Venezuela y que se establezcan todos los controles debidos para garantizar un beneficio para todos los nicaragüenses, sin distingos políticos.