HARET HREIK, Líbano. - Una pareja joven con tres niños, todos con los rostros cansados y ennegrecidos por el humo, surge de un edificio que milagrosamente se salvó de los ataques aéreos israelíes implorando: "Sáquennos de este infierno. Llévennos a cualquier parte".
"Seguir viviendo aquí va más allá de la resistencia humana", dice la mujer a los periodistas. Los escasos habitantes erran por las calles llenas de ruinas.
Los suburbios del sur de Beirut, bombardeados ininterrumpidamente por Israel desde hace tres días, se despertaron el domingo con la misma sensación que después de un terremoto.
Decenas de edificios y varios puentes en este bastión del movimiento chiita libanés del Hezbolá fueron destruidos por los ataques aéreos israelíes, constataron los periodistas de la AFP.
Durante toda la noche, las ventanas de los edificios del corazón de Beirut vibraron al son de los bombardeos aéreos y los disparos de la marina israelí, instalada frente a la capital. Apuntaban hacia un suburbio mayoritariamente chiita situado a unos tres kilómetros del centro, donde hasta hace pocos días vivían todavía unas 500.000 personas.
ACCESOS BLOQUEADOS
Los accesos al "perímetro de seguridad" de un kilómetro cuadrado delimitado por el Hezbolá para garantizar la seguridad de sus dirigentes, y al edificio de la cadena de televisión Al Manar están bloqueados por los escombros de inmuebles derribados por los bombardeos israelíes.
La sede de Al Manar, un edificio de 10 pisos, fue destruida. Una avenida entera, bordeada por una decena de edificios, fue totalmente arrasada.
El bloque de edificios que constituye el "perímetro de seguridad" que albergaba la comandancia del Hezbolá fue destruido por varios ataques el viernes, cuando el ejército israelí trató de matar al jefe del movimiento chiita, Hassan Nasralá.
La aviación y la marina israelí continuaron durante toda la madrugada del domingo castigando este perímetro casi destruido por los bombardeos anteriores.
Las bombas israelíes destruyeron también puentes y carreteras que unen la periferia sur a la capital, principalmente en la zona de Bir Al Abed.
En este sector está la mezquita donde oficia el jeque Mohammad Hussein Fadlalá, guía espiritual de la comunidad chiita, y la avenida Hadi Nasralá, que lleva el nombre del hijo del jefe del Hezbolá, muerto hace unos años en una operación antiisraelí.
En ambos lados de puentes partidos, las bombas israelíes abrieron cráteres de varios metros de diámetro. Jóvenes vestidos de civil que se desplazan en moto, aparentemente activistas de Hezbolá, dan órdenes.
"No entren en el perímetro de seguridad. Puede que haya obuses que no han estallado. Esperen unos minutos, una excavadora va a tratar de liberar uno de los accesos", dice uno de ellos a los fotógrafos.
La excavadora se pone en marcha mientras una ambulancia espera que termine su trabajo.
"Tenemos que entrar en la zona en ruinas. A lo mejor hay heridos o muertos bajo los escombros", afirma un socorrista.
Casi un millón de personas viven habitualmente en la periferia sur, pero una gran parte huyó para refugiarse en barrios más seguros de Beirut, en la montaña o en el valle de la Bekaa.