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16.07.06
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vista exterior de la iglesia de La Concordia. (LA PRENSA/M. GARCÍA. )
La Concordia, tierra de hombres bravos
Cuentan que en tiempos remotos los concordianos resolvían sus diferencias a punta de pedradas o balazos, de ahí el surgimiento del dicho jinotegano “Los delicados… a La Concordia”
Rosario Montenegro Z.
departamentos@laprensa.com.ni
Los comepiedras y los comerranas

La rivalidad entre los vecinos de San Rafael del Norte y La Concordia surgió en 1847 y persistió hasta hace unos 50 años atrás, cuya situación originó intercambio de epítetos y apodos.

San Rafael por ser un lugar donde llovía prodigiosamente, sus habitantes se ganaron el mote de los comerranas, un animal que en mejores tiempos abundaba en la zona; mientras que La Concordia por estar asentada en un sitio árido sus pobladores fueron denominados los comepiedras, algo que aún hay en abundancia en esas tierras.

Según el profesor Tirso Rizo, antes del traslado de algunos sanrafaelinos al sitio donde hoy está asentada La Concordia, todas las familias habían contribuido con la construcción y adquisición de las imágenes de la iglesia, lo que originó el temor entre los que se quedaron en San Rafael que los otros regresaran por las noches con la intención de destruir el templo y llevarse los símbolos religiosos.

Entonces los que se quedaron se apostaban todas las noches en la entrada del poblado para impedir que sus antiguos coterráneos se llevaran las imágenes y otros objetos, librándose verdaderas batallas con piedras, pero especialmente de insultos.

Fue en este sitio donde cada grupo puso a trabajar su imaginación para la creación de insultos. Así los concordianos llamaban a los sanrafaelinos: comerranas y los otros respondían: comepiedras.

Sin embargo, para don Antenor Zeledón estas rivalidades quedaron atrás, pero jocosamente comenta: “pero fíjese que la piedra es bien útil para la construcción, rellenos de solares, para cercos y ahora los comerranas se vienen a llevar las piedras”.

“Los delicados… a La Concordia”. Varias generaciones de jinoteganos han crecido escuchando y repitiendo este dicho, que se emplea con frecuencia en tertulias de amigos o familiares, y que se le dice a un miembro del grupo cuando reacciona molesto por alguna expresión o alusión que se le hace.

¿Pero quién inventó esta frase que se ha venido transmitiendo oralmente? Quizás nadie lo sabe, pero lo cierto es que ha sido utilizada desde tiempos inmemoriales y se dice que surgió por la fama de bravíos que tenían los concordianos.

“Ah, es que antes (los concordianos) resolvían cualquier diferencia a balazos o pedradas, así terminaban cualquier discusión con heridos o muertos”, relata doña Chepita Blandón, oriunda de San Rafael del Norte.

Estos pleitos, según Blandón, generalmente surgían en mesas de juegos o peleas de gallos. “Así murieron (a balazos) don Arnulfo Barrantes y don Víctor Zeledón, eran hombres trabajadores, honestos, pero eran muy delicados (bravos) y principalmente en los juegos en los que siempre había licor, así murieron, pero no sólo ellos, en esa ocasión los muertos fueron como cinco”.

“HOMBRES DE BIEN, PERO DELICADOS”

No recuerda con exactitud en qué año ocurrió esta matanza de concordianos, pero señala que debe haber sido a inicios de los cincuenta, “yo no tenía mucho de estar casada”. Eran hombres bravos, muy hombres y trabajadores, eran de dinero, productores, ganaderos, porque antes no habían licenciados, ni nada de eso, ellos trabajan en sus campos”.

Dice que uno de los principales mediadores en esas peleas era el sacerdote Maximiliano Jarquín, quien también era amante de las peleas de gallos, “a él le encantaban, tenía la casa cural llena de gallos”.

Esta sanrafaelina dice que en La Concordia habían “hombres muy hombres, de bien, de esperanza, pero eso sí, eran muy delicados”.

“MAS DELICADOS SON LOS OTROS”

“Para comenzar aquí (en La Concordia) nadie es delicado, aquéllos (los de San Rafael) eran más delicados, por cualquier cosa sacaban la pistola y liquidaban a cualquiera (se ríe), fuera de bromas (los concordianos) somos gente muy calurosos, hospitalarios, no es tan veraz la fama de delicados que los sanrafaelinos nos han dado”, expresa entre risas don Antenor Zeledón, oriundo de La Concordia.

Aunque en la actualidad los habitantes de La Concordia y San Rafael conviven pacíficamente, al igual que muchos pueblos vecinos en Nicaragua, a lo largo de su historia han tenido rivalidades, las que iniciaron con el surgimiento del primero.

Zeledón considera que el intercambio deportivo ha sido factor de unidad entre los dos pueblos, al igual que el padre Odorico D’Andrea, un cura italiano que durante muchos años fue párroco de San Rafael y atendía también al municipio de La Concordia. “Él nos ayudó mucho y cuando se murió allí estábamos llorándolo sanrafaelinos y concordianos”.

DE CÓMO SURGIó LA CONCORDIA

Pero qué fue lo que originó la rivalidad de estos dos pueblos. Según el profesor Tirso Rizo Rodríguez, en su reciente libro notas biográficas e históricas de mi querido pueblo San Rafael del Norte, cuenta que en 1847 se produjo un conflicto entre varias familias sanrafaelinas, debido a que algunos querían trasladar el poblado a otro sitio, pero la mayoría se opuso, lo que al final dio como resultado el surgimiento de un nuevo pueblo. La Concordia, cuyo nombre original es San Rafael de La Concordia.

ERA EXTREMADAMENTE FRÍO

San Rafael del Norte está asentado a 1,200 metros sobre el nivel del mar, condición que hizo que durante mucho tiempo fuera uno de los lugares más fríos del país, clima que ha venido variando por los indiscriminados despales que se han hecho en la zona.

De acuerdo con Rizo, en 1847 este lugar era extremadamente frío, las lluvias eran acompañadas frecuentemente con la caída de granizos, estaba rodeado por espesas montañas, lo que hacía frecuente la presencia de tigres y leones.

Esas condiciones hizo que algunas familias propusieran trasladar el poblado a un lugar más benigno y el sitio sugerido fue el actual valle de Sabana Grande, pero la mayoría se opuso, entre otras cosas, porque para obtener agua tendrían que recorrer un largo trecho.

El movimiento protraslado lo encabezó el propio alcalde de la época Pedro Lanzas Rodríguez, un fuerte ganadero y productor de trigo, quien según el libro, “era un cascarrabias”.

El escritor refiere que ante la oposición de la mayoría para trasladarse a Sabana Grande, Lanzas propuso a sus seguidores desmontar sus casas y puso a la orden sus carretas, bueyes y caballos para que las trasladaran a una de sus haciendas denominada Chagüite Grande, en donde hoy se asienta La Concordia.

En ese tiempo, el municipio de San Rafael, al igual que Jinotega, pertenecían a la jurisdicción del departamento de Septentrión, cuya cabecera era la Villa de Matagalpa, sede de la autoridad superior, el Prefecto, hasta donde viajó Lanzas para pedirle autorización oficial para el traslado de San Rafael del Norte, con el ánimo de influir en la mayoría de vecinos que no le habían seguido.

El Prefecto de Matagalpa, quien pensaba que la mayoría de los habitantes estaba de acuerdo con el nuevo asentamiento, gestionó ante el gobierno nacional la autorización del traslado, la que fue aprobada mediante un decreto del 28 de enero de 1848, firmado por la máxima autoridad del país, el supremo director José Guerrero.

Pero, según el historiador, ni con decreto, Lanzas pudo hacer que las demás familias se trasladaran al nuevo sitio y más bien surgió un rencor entre los que se fueron y los que se quedaron. Los que se fueron se llevaron los archivos públicos, sellos, entre otros.

Pero los que se quedaron tenían la iglesia, el cementerio donde descansaban los restos de los primeros pobladores, razones por las que precisamente también se negaban a abandonar el asiento original —y que es donde actualmente se encuentra San Rafael— además el pueblo ya había sido trazado en la forma acostumbrada por los españoles, sus lotes habían sido distribuidos de manera equitativa, de tal forma que en los mismos tenían el terreno donde levantaron sus casas, un área para jardín y otro para huerta, de tal manera que tenían garantizada su subsistencia.

A pesar del decreto que autorizó el traslado oficial del poblado, éste siempre contó con la oposición firme y permanente de los sanrafaelinos que no quisieron, así que tres años después un grupo de pobladores viajaron a Matagalpa y replantearon la situación ante el Prefecto, por lo que el gobierno se vio obligado a estudiar el caso y de forma salomónica emitió el 22 de abril de 1851 un nuevo decreto en el que establecía que ambos pueblos eran autónomos entre sí, así que San Rafael del Norte se quedó donde estaba y se creó un nuevo poblado al que se le denominó San Rafael de La Concordia.

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