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Fuegos artificiales sobre la Torre Eiffel en París, la noche del viernes 14 de julio, día de la Fiesta Nacional de Francia. (la prensa/ap/francois mori)
“Las ideas de la gran Revolución están vigentes”
Alejandro Serrano Caldera explica el legado de la Revolución Francesa de 1789
Alberto L. Alemán
Tres grandes procesos históricos

“La Revolución no sólo es un hecho político, social, de lanzamiento del pueblo el 14 de julio de 1789, que se toma La Bastilla, sino que es todo un proceso de transformación en Europa”, explica Serrano Caldera.

“Y este proceso permite encadenar con el presente y el fenómeno de la Revolución Francesa sólo es explicable a partir de la identificación de los grandes momentos de esa transformación que va a romper con los patrones del mundo antiguo”.

El primer gran acontecimiento es la revolución filosófica y científica. Sus figuras cumbres son René Descartes y Galileo Galilei. Ambos revolucionan totalmente los parámetros del pensamiento. Descartes, elevando la razón a la máxima expresión (“Pienso, luego existo”). Y Galileo cuando introduce el método científico racional hipotético; es decir el experimento como prueba de la hipótesis que la razón formula.

Todo esto también produjo una revolución en la técnica y eso llevó a aplicar la técnica en los procesos económicos de producción. Se adviene la revolución industrial. Nace el capitalismo moderno y una nueva clase, la burguesía.

Y todo esto conlleva a las revoluciones políticas. “Menciono dos: la revolución inglesa de 1688, pero sobre todo la revolución Francesa de 1789, la cual significó en cierto sentido, la aplicación al hecho político de la revolución científico-filosófica, y la económica”, concluye el filósofo.

Las ideas de la Revolución Francesa son universales, “están vigentes y muchas de ellas siguen encabezando las constituciones políticas de todo el mundo: separación de poderes, subordinación del poder a la ley, garantías fundamentales de la persona, garantía del debido proceso”, sostiene el filósofo Alejandro Serrano Caldera.

“Es algo fundamental en la democracia: el poder es el reflejo de la voluntad general. Todo poder que no sea eso —esa es otra herencia fundamental de la Revolución Francesa— es un abuso y un exceso. Es decir el nacimiento de la idea del contrato social, de la voluntad general como fuente del poder. Eso es Rousseau. Y Montesquieu la separación de poderes, es clave”, argumenta el intelectual, quien fue Embajador de Nicaragua en Francia y en la ONU.

En Nicaragua, con una institucionalidad frágil, donde no existe un consenso nacional político y social, donde la división democrática de los poderes está viciada por el control que dos partidos y caudillos ejercen sobre ellos, es evidente que esas propuestas son válidas.

La realidad del mundo globalizado ha impuesto no obstante una erosión de algunas de esas ideas, nacidas en el siglo XVIII y enarboladas por la Revolución cuya fecha simbólica —la de la toma de la prisión de La Bastilla, símbolo de la opresión del régimen monárquico— es el 14 de julio.

Estos son fragmentos de una larga conversación que LA PRENSA sostuvo con este distinguido académico nicaragüense.

¿Cuán vigentes están las ideas de la Revolución Francesa, e l lema “Igualdad, Libertad, Fraternidad”?

Francia es un país admirable y el mundo entero es deudor de la universalidad de sus ideas.

Que algunas de estas ideas estén en crisis es lógico. Si no hay nada que dure eternamente, pero muchas de ellas siguen encabezando las constituciones políticas de todo el mundo: separación de poderes, sujeción del poder a la ley, garantías fundamentales de la persona, garantía del debido proceso.

¿Cuál es el problema? Algunas de estas ideas que fueron diseñadas para los Estados-Nación independientes, encuentran dificultades en un mundo globalizado, donde los poderes reales ya no están en el Estado, sino que están en las corporaciones transnacionales, en un sistema de capitalismo financiero especulativo. El poder real pasa a las transnacionales, el Estado paulatinamente —no como algunos pretenden de que existe meramente como facilitador— pero sí se ha debilitado, porque se han debilitado los conceptos filosóficos que los sostenían, por ejemplo la soberanía, que desde el siglo XVII y el XVIII es el principio fundamental del Estado-Nación, ahora es un principio severamente modificado por las circunstancias del mundo contemporáneo.

¿Hasta dónde un Estado es soberano si las verdaderas decisiones económicas y financieras se adoptan fuera de sus propios mecanismos de poder? Y se adoptan en los grandes centros del capitalismo financiero y dicen “éste es el modelo”. Y si los Estados quieren convivir en el mundo, tienen que seguir estas reglas o se automarginan. No hago un juicio si eso es bueno o es malo, sino que es un hecho nuevo que está cambiando los conceptos que derivaron de esta revolución racionalista. Estas ideas de las que hablamos tienen que ajustarse a un mundo diferente.

Pensadores y obras que determinaron los ideales de la Revolución.

Mencionaría el Tratado sobre el Gobierno Civil, de John Locke, de 1690, dos años después de la Revolución Inglesa por la cual se estableció la monarquía constitucional parlamentaria.

Luego otra fecha clave es 1748 , que es la fecha de publicación de El Espíritu de las Leyes de (Charles Louis de Secondat, barón de) Montesquieu.

El año de 1755, la fecha de publicación del Discurso sobre la desigualdad entre los hombres de Jean-Jacques Rousseau. Luego 1762, fecha de publicación del Contrato Social, también de Rousseau. Todo esto es anterior a 1789 cuando se produce la Revolución Francesa.

Todo esto lo he dividido en dos partes básicas: la revolución de las ideas, racionalismo e Ilustración, y la influencia que la aplicación política de estas ideas tiene en la transformación de la sociedad. Y el otro bloque es la transformación económica y la influencia que la nueva clase , la burguesía industrial, y la nueva forma de producción —la empresa industrial— tienen en desplazar a la aristocracia terrateniente. La burguesía industrial se toma el poder político.

El valor del aporte de Rousseau, la ideas del Contrato Social y de la voluntad general.

La idea de Rousseau es que el Contrato Social, que es el acuerdo de voluntades libres, que se ejercita en base a un hecho racional de los ciudadanos, origina una serie de principios éticos, un ethos (del griego), es decir los valores y principios de esta sociedad son tales y cuales, y de eso surge del consenso que él llama la voluntad general y que consiste en una forma de concertar una serie de intereses contrapuestos.

Esa es la voluntad general de Rousseau. Esa es la idea básica del consenso. A través de él mi interés fue amoldado al interés de los demás, y viceversa. El interés de todos fue creado por la síntesis de los intereses parciales. Todos estamos representados.

Esto que resulta de la voluntad general da origen al derecho. Cuando finalmente llegamos a un acuerdo, se pone en unos textos que se llaman leyes y su conjunto forma el derecho y da origen al Estado para que esas leyes sean aplicadas, y para sean cumplidas.

Es algo fundamental en la democracia: el poder es el reflejo de la voluntad general. Todo poder que no sea eso —y esa es otra herencia fundamental de la Revolución Francesa— es un abuso y un exceso. Es decir el nacimiento de la idea del contrato social, de la voluntad general como fuente del poder. Eso es Rousseau. Y Montesquieu, la separación de poderes, es clave.

Montesquieu, o la división de poderes para evitar la tiranía.

Todo en Montesquieu es fundamental, pero lo centro en un punto: la teoría de la separación de poderes.

¿Cuál es la idea suya? Todo poder que se concentra termina en un arbitrariedad. La única forma de evitar el autoritarismo es evitando que una persona concentre mucho poder. En consecuencia hay que dividir el poder.

Quien administra es el Ejecutivo, el Gobierno y que no hace leyes; quien legisla hace las leyes pero no administra, y quien aplica e interpreta las leyes, que es el Judicial. La división tripartita de poderes. De este modo se evita, dice Montesquieu, que uno solo —como eran los monarcas absolutos—, gobierne, legisle y juzgue. El fin esencial de su obra es que al poder hay que mantenerlo dividido y con mecanismos de control recíproco para evitar el abuso de uno sobre el otro.

Son los checks and balances en EE.UU., los pouvoirs y contrepouvoirs en Francia, los poderes y contrapoderes.

La ideas básicas de Montesquieu eran tres, que las toma del inglés Locke y que no necesariamente fueron absorbidas por la Revolución Francesa. Uno era separar el poder para evitar la autocracia.

Dos, Montesquieu buscaba también tecnificar el ejercicio poder. Quien se dedica a una sola cosa, aprende a hacer eso mejor que quien hace todo. El gobernante que gobierna aprende a gobernar y tecnifica su acción; el legislador se especializa en dar leyes; y el juez se especializa en dictar sentencias, justas y equitativas.

Y la tercera , que no funcionó en Francia, que era tomada de Inglaterra, hacer que quepan las clases sociales en esta separación de poderes.

En Inglaterra la aristocracia asume la corona pero ya controlada por la Constitución, y la Cámara de los Lores; la burguesía, el Gobierno y la Cámara de los Comunes, y el pueblo, si tiene fuerza suficiente, puede asumir también el Gobierno y la Cámara de los Comunes.

Pero lo esencial es evitar que el poder se concentre.

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