El Ejército israelí siguió bombardeando Líbano, donde los muertos civiles se contaban por decenas el sábado, mientras el Hezbolá, que declaró una “guerra abierta” al Estado hebreo, lanzó cohetes hasta la ciudad de Tiberíades y podría tener proyectiles capaces de llegar hasta Tel Aviv.
Con el visto bueno del primer ministro israelí, Ehud Olmert, la aviación del Estado hebreo bombardeó el sábado la sede del Hezbolá en los suburbios del sur de Beirut, zona considerada el bastión de esta milicia chiíta.
Además, el cuartel general del movimiento palestino Hamas en Beirut fue bombardeado por los aviones israelíes.
El Estado hebreo no está dispuesto a dar marcha atrás en esta ofensiva, provocada por el secuestro de dos de sus soldados, capturados el miércoles por milicianos del Hezbolá en la frontera entre ambos países.
Hasta ahora, la acción militar israelí dejó un saldo de al menos 100 muertos libaneses y la destrucción de infraestructura del país. El sábado, 18 civiles, entre ellos nueve niños, que huían de un pueblo del sur del Líbano murieron calcinados en un bombardeo israelí. En total, más de 39 personas perdieron la vida en todo el país durante el sábado.
La ofensiva simultánea de Israel en Gaza y en Líbano amenaza con arrastrar a todo Oriente Medio a una guerra difícilmente controlable ante la estupefacción de la comunidad internacional.
El sábado, el presidente estadounidense, George W. Bush, exigió a Hezbolá que deje de atacar a Israel, mientras los dirigentes franceses, españoles, alemanes y rusos criticaban la ofensiva desproporcionada israelí.
Desde hace dos días, Líbano está totalmente aislado por tierra, aire y mar del resto del mundo. Sus carreteras y puentes han sido destrozados, su aeropuerto internacional, bombardeado, los barcos israelíes patrullan en sus aguas territoriales y el sábado, los puertos de Beirut y Trípoli, al norte de Líbano y su sistema de radares costeros, fueron atacados con obuses.
El primer ministro libanés, Fuad Siniora, pidió este sábado en la noche “un alto el fuego inmediato y global en Líbano bajo la égida de la ONU” y acusó a Israel “de castigar de forma colectiva” a su país, durante una alocución por televisión.
El ejército israelí “lamentó” la muerte de civiles, pero responsabilizó de ello a Hezbolá y exigió que el grupo se repliegue al norte del río Litani, que entregue su arsenal de cohetes al ejército libanés y que esas fuerzas armadas se desplieguen en la frontera común.
Mientras tanto, los ciudadanos extranjeros eran evacuados del país y más de 10,000 habitantes del sur de Líbano, considerado un feudo del Hezbolá, han huido de sus casas hacia zonas más seguras.
El emblemático líder de esta milicia, Hassan Nasralá, cuyo domicilio fue bombardeado el viernes, se ha convertido en un blanco prioritario para Israel.
“A la primera oportunidad lo liquidaremos. Por eso le conviene encomendarse a Alá”, declaró el ministro israelí de Inmigración, Zeev Boim. El método de los asesinatos selectivos ha sido a menudo empleado por Israel. En 1992, el propio Nasralá sustituyó a la cabeza del Hezbolá a Abas Mussaui, liquidado en un bombardeo israelí.
Pero pese a la presión, el Hezbolá confía en que tarde o temprano el Estado hebreo admita que la única manera de recuperar a sus dos soldados con vida es aceptar intercambiarlos por presos.
El sábado, los aviones israelíes bombardearon por primera vez la tierra de nadie situada entre Líbano y Siria, aunque las autoridades de Damasco desmintieron la información.
No obstante, la carretera entre ambos países está destrozada por las bombas para evitar, según Israel que los dos soldados secuestrados “sean trasladados a otro país”.
El ejército israelí no descuida su ofensiva contra Hamas en la Franja de Gaza, donde tiene otro soldado secuestrado desde el 25 de junio.
Dos palestinos murieron en ataques aéreos el sábado y la sede del Ministerio de Economía en Gaza fue bombardeada.