Managua
03:45 am
16.07.06
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Noticias >> Entrevista
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Detrás del saco y la corbata

No todo en el cónsul es seriedad y protocolo. A decir verdad, su humor natural sorprende bastante. Le sonríe a todos. Cuando está en su tierra a diario se informa de lo que pasa en Nicaragua a través del Internet. Tiene tres hijas a las que ha enumerado según el orden de sus nacimientos, y Fuen Santa López Bernard es el nombre de la mujer con la que ha compartido 36 años de matrimonio.

¿Cómo es Luis Ramírez Feliu?

Es una confluencia de todo. De mi vida, del bienestar de mi familia, del niño huérfano a los tres añitos, de mi mamá que luchó al infinito para que su hijito adquiriera estudios y formación, y luego mis esfuerzos personales para que los esfuerzos de mi mamá tuvieran resultado. Leo mucho, no sólo de Nicaragua, leo de todo. La lectura es mi pasión, leo ensayos, la fase de la novela ya pasó. Hice la carrera de música. Mi mamá con todo su esfuerzo y siendo una viuda, me financió la carrera de piano.

¿Cómo fue su niñez?

Fue una niñez difícil, dura. Yo nací poco después de la guerra civil española, la tremenda, terrible y cruel guerra civil. Mi papá falleció en esa guerra civil y mi mamá tuvo que atender mi formación. Luego, pues claro, todos los esfuerzos imaginables para ir pudiendo conseguir becas y puestos para poder desarrollarme profesionalmente, hasta que conseguí licenciatura en derecho, mi licenciatura en psicología, estudios empresariales. Es decir, todo el proceso de una persona que trata de ascender intelectualmente.

¿Qué hay de sus hijas, su esposa?

La uno es Patricia, tiene 32 años. La número dos es Beatriz, tiene 28. Y Belén, quien me acompaña en esta ocasión, es la tres, tiene 24, pero va a celebrar aquí su cumpleaños 25 y ella no lo sabe. Le tenemos preparada una fiesta sorpresa hoy domingo. Es una cosa ingenua, yo estaré normal y de repente va estar rodeada de personas que le felicitan. Estoy muy feliz de que mi hija en esta ocasión cumpla 25 años en Nicaragua. Esta vez he traído a la menor de mis hijas para que viva y vea que el país me quiere, como yo quiero al país. Hay un amor recíproco.

¿Cómo ha inculcado en sus hijas ese amor?

A la pequeña, ya viniendo y con lo que me oye hablar en casa. A la número dos, que es la psicóloga, nació para amar a los niños y para estar en los hospitales con los niños con problemas. Desde los 17 años dijo “quiero ser psicóloga” y ahí, el amor a Nicaragua a través de esas cosas ellas las entiende muy bien. La otra es doctora en derecho, es notario, es una alta profesión y está orgullosa que su papá dedique una parte de su tarea, de su vida, incluso de sus recursos a Nicaragua. Ellas me respetan y yo amo a mis hijas. Eso es lo importante.

Cuando asumió el puesto de cónsul honorario, ya estaba casado con doña Santi. ¿Cuál fue su reacción?

La reacción fue muy buena al principio, pero luego, claro, cuando vio que me implicaba tanto, me dijo “oye luego no vamos a tener tiempo para nosotros”. Porque también, es verdad, y no quiero hablar de los consulados, pero dicen “oye los demás no hacen lo que tú haces”. Y entonces yo digo, bueno, es que yo hago esto porque quiero hacerlo. Sólo ir a recepciones y llevar una tarjetita consular, eso es pobre y no me complace espiritualmente.

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