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G-8, democracia y desarrollo

El denominado Grupo de los Ocho (G-8) se reúne en San Petersburgo, Rusia, del 15 al 17 del corriente. Este es un conglomerado de países constituido por las principales democracias industriales del mundo incluyendo Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Inglaterra, Estados Unidos y últimamente Rusia. Juntos suman el 65 por ciento de la economía mundial. La Unión Europea también participa de las reuniones del G-8 representada por el presidente de la Comisión Europea y el líder del país que ostenta la Presidencia del Consejo Europeo. Las cumbres del G-8 inicialmente tenían como fin discutir temas económicos y políticos. De hecho, sus raíces están en la crisis del petróleo de 1973 y la consecuente recesión global que ésta generó. Pero en los últimos años su agenda se ha ampliado a otros asuntos como el medio ambiente y los cambios climáticos, la seguridad energética, el crimen y el tráfico de drogas, la educación, las enfermedades contagiosas, los derechos humanos, el control de armas, el terrorismo, etc. La primera reunión del actual G-8 tuvo lugar en Francia en 1975 y contó con la participación de seis países (Francia, Alemania, Italia, Japón, Inglaterra, y EE.UU.) denominados el Grupo de los Seis (G-6). Luego se sumó Canadá (1976) y se convirtió en el Grupo de los Siete (G-7). Después del final de la Guerra Fría (1991) Rusia comenzó a participar de las reuniones del G-7 sin ser parte de él. Fue hasta 1994 que fue oficialmente integrada y de ahí en adelante se habla del Grupo de los Ocho (G-8). La Comunidad Europea comenzó a participar en la reunión de Londres en 1977. El país sede de la reunión respectiva asume la presidencia de la misma. La participación de la Rusia de Vladimir Putin en el G-8 es cuestionada porque se pone en tela de duda que este país haya hecho méritos suficientes para definirse como una democracia.

En efecto, el mundo democrático todavía espera que Rusia y los demás países que se identificaban como comunistas durante la Guerra Fría, avancen hacia la institucionalidad democrática, a la promoción de valores y principios democráticos como la libertad de prensa y al establecimiento paulatino de la economía de libre mercado. Sin embargo, en Rusia se sigue deteniendo e interrogando a periodistas por publicaciones que el Gobierno estima como “desestabilizadoras” y a los disidentes se los trata de peor manera que a los delincuentes comunes por “atentar contra el orden constitucional”. Rusia sigue proveyendo asistencia tecnológica y militar a países como Irán, Corea del Norte y Venezuela y en este momento está bloqueando las sanciones de las Naciones Unidas hacia Corea del Norte por el reciente lanzamiento de misiles hacia el Mar de Japón. Por otro lado, el presidente Putin ha estado consolidando un Poder Ejecutivo omnímodo que podría servirle de base para la eventual creación de una dictadura. Las instituciones rusas están lejos de ser democráticas. Y, sin embargo Estados Unidos y las potencias europeas dan la impresión de hacerse de la vista gorda con el fin de mantener el diálogo abierto y las esperanzas vivas de que Rusia llegue a adoptar un sistema con valores democráticos. En el 2005, dos senadores norteamericanos solicitaron que Rusia fuera suspendida del G-8 mientras el presidente Putin no garantice el respeto a las libertades políticas y democráticas y aunque esa propuesta no prosperó, en medios de prensa internacionales se maneja que la agenda de la reunión del G-8 el próximo fin de semana contempla ofrecer a Rusia concesiones para invertir en infraestructuras energéticas en los Estados Unidos y la Unión Europea a cambio de que este país endose los principios de economía de libre mercado y la importancia de la inversión extranjera.

Ojalá que estas potencias mundiales no se concentren únicamente en resolver problemas que atañen a sus países o regiones sino que consideren el interés de los países pobres en su agenda, la cual esta vez estará dominada por el tema de la seguridad energética global, la educación y las propagación de enfermedades infectocontagiosas. Todos estos son problemas que afectan al Tercer Mundo y que generan crisis de diferentes tipos.

El problema de la energía es vital, sin ella no es posible el desarrollo y en Nicaragua eso lo estamos experimentando en forma dolorosa.

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