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Los liberales en la misma disyuntiva de 1893
Iván de Jesús Pereira
El autor es fundador del Movimiento Liberal Constitucionalista

Hoy, 11 de julio, los liberales de nicaragua celebramos un aniversario más del inicio de la revolución liberal, en julio de 1893.

La gesta de Rubén Alonso, Paulino Godoy y Benito Chavarría, a los que se le une Anastasio J. Ortiz (conservador hasta ese momento) en esa madrugada leonesa, que con el vuelo de campanas de la Catedral de la vieja metrópoli, anuncia a la república un nuevo ideario político, es necesario revalorarla.

A los pocos días del madrugonazo se les suma en Nagarote José Santos Zelaya, quien entra a León, para reforzar a los alzados artesanos, acompañado de una numerosa caballería “en medio del júbilo del pueblo y entusiasmo de los soldados de aquella jornada gloriosa” como la describe Enrique Aquino.

Lo más interesante de todo esto es lo que los historiadores describen como el “pacto de Momotombo”, en donde las dos facciones liberales se unen en un solo cuerpo. Los doctrinarios leoneses comprendieron en ese momento que el hombre emergente, carismático, que podía unir al partido era Zelaya, quien además de haber estudiado en Francia, y haber sido alcalde de Managua contaba como respaldo el haberse destacado en combate en “la barranca”.

Para los sucesos de abril de ese mismo año que determinaron la caída del gobierno conservador de Roberto Sacasa, Zelaya representaba, en ese momento, la nueva clase emergente en Nicaragua, la burguesía cafetalera de las sierras de Managua que se interpone entre las dos viejas oligarquías latifundistas de León y Granada. Por eso su liderazgo permite al partido vencer días más tarde en Mateare y la Cuesta, al contrario conservador, auxiliado por el bombardeo estratégico a la ciudad de Managua, desde los vapores “Ángela” y “Progreso” en el Lago Xolotlán.

La lección a sacar de todo esto es la unidad necesaria que los leoneses comprenden resulta indispensable y que es el elemento decisivo del triunfo liberal.

Hoy el partido está en la misma disyuntiva. Dos facciones valiosas se disputan y dividen el voto liberal.

Por un lado la formula Rizo-Alvarado, que cuenta con la estructura nacional para garantizar el voto, con ascendencia dentro del alma campesina y con la virtud de querer renovar el partido, pero con el lastre que representa el doctor Arnoldo Alemán.

Por otro lado, la fórmula Montealegre-Cajina, respaldada por el capital y el gobierno norteamericano, que tiene la virtud de haber desafiado al caudillo y al pacto “Alemán-Ortega” pero no cuenta ni con maquinaria política suficiente en todo el territorio nacional, ni con el programa que arrastre y movilice a la clase media del país.

El dilema liberal es muy sencillo: o se unen y se sacrifican ambos para con un solo candidato, poder enfrentar al sandinismo salvando así al país de la debacle que nos espera, o se convierten ambos en cómplices del Pacto Alemán-Ortega .

A ciento veinte días de la elección presidencial, con un sandinismo que cuenta con el respaldo económico del presidente Chávez que le ha permitido modernizar y aceitar su maquinaria política.

Con un Consejo Supremo Electoral y un Poder Judicial controlado totalmente por Ortega. Con una Policía que se desangra en sus casos de corrupción y un Ejército preocupado por lo que les espera, un Ejecutivo que cada día crea un vacío de poder ante su inercia; las opciones no son muchas: o se unen o sucumben ante la avalancha del contrario.

El pueblo liberal está desconcertado, falto de liderazgo y de coraje, contemplando desde abajo, la ambición de sus dirigencia y la complicidad del doctor Alemán, que con su protagonismo hace todo lo posible para hundir la fórmula de su propio partido, ya que su meta es arrastrarnos a la consolidación del pacto con Ortega que le permita su libertad.

Sólo unidos, anteponiendo ambiciones personales e intereses de camarillas el liberaralismo podrá triunfar el 5 de noviembre. Unidos podremos repetir el escenario de los tres últimos comicios: un solo tiquete que nos garantice el triunfo, de lo contrario, el sandinismo gana en la primera vuelta y si no gana lo arrebata.

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