Los racionamientos de energía eléctrica están generando un verdadero caos en las unidades públicas de salud, y las personas pobres que a diario buscan asistencia médica son quienes al final pagan los platos rotos por esta difícil situación.
El fin de semana, miembros de Unión Fenosa expresaron que los hospitales son la prioridad número uno de la empresa y que los apagones reportados podrían tener su origen en fallas de transmisión, y no en una programación previa.
No obstante, cualquiera que fuese el motivo, ha alterado el trabajo en los centros asistenciales de Managua como en el resto de departamentos del país.
Los médicos del Hospital Victoria Motta, de Jinotega, informaron que han tenido que suspender entre tres a cinco cirugías programadas. En ese departamento los cortes de energía eléctrica se han prolongado hasta por ocho horas.
El doctor Harry Velásquez, director del Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais), dijo que esta situación incrementará la lista de pacientes en espera de una cirugía.
“Estamos priorizando sólo los casos de emergencia, porque este hospital no cuenta con una planta eléctrica de mucha potencia, tanto así que hasta las tomas de placas no se realizan producto de los cortes de energía; el hospital no tiene capacidad para cubrir los costos que están generando estos cortes”, dijo el médico.
En Jinotepe los apagones duran de tres a cuatro horas, razón por la cual el personal médico del Hospital Santiago se vio imposibilitado de garantizar las cirugías y la atención médica en la sala de labor y partos.
cambios en presupuestos
La doctora Miriam Álvarez, directora del hospital que alberga a 280 pacientes, dijo que por la falta de energía usan una planta de emergencia que consume 15 galones de diesel por hora, incrementando los gastos del hospital.
El fin de semana pasado los apagones dieron tregua a los usuarios de las unidades públicas de salud en Rivas, ya que no se reportaron cortes prolongados. Sin embargo, la interrupción del fluido eléctrico causó un desgaste —que no estaba programado— en el presupuesto hospitalario.
La administradora del Hospital Gaspar García Laviana, Martha Romero, comentó que la semana pasada y la antepasada tuvieron serios problemas con los apagones de energía que en algunas ocasiones llegaron a prolongarse hasta cinco horas.
Usualmente las interrupciones del fluido eléctrico tardaban tres horas y eso significaba un gasto (diario) de unos 2,800 córdobas, que se utilizaban en la compra de combustible para la planta que abastecía la ruta crítica del hospital.
Aunque se logró brindar cobertura a salas importantes como la de maternidad, algunas áreas no pudieron ser cubiertas, como la de ortopedia.
también falta agua
La forma súbita de los cortes de energía a cualquier hora también provoca problemas de abastecimiento de agua potable, necesaria para labores de limpieza, esterilización de instrumentos y cocina, entre otros aspectos.
Mario Montenegro, gerente de Operaciones de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), reveló que debido a la crisis energética diariamente se deja de bombear entre 15 a 20 millones de galones, que equivale un poco más del 10 por ciento de la producción nacional.
Los desabastecimientos de agua generalmente se alargan más que los de energía eléctrica, debido a que para normalizar la distribución se necesitan entre dos a cuatro horas. Éste se tiene que realizar gradualmente debido a la presión que existe en las tuberías.
Montenegro explicó que Enacal no puede informar de los lugares en los que faltará el agua porque Fenosa les dice tardíamente su cuadro de racionamientos, duración y sectores afectados.
“Prácticamente nos informan el día en que van a hacer los cortes. Tenemos que revisar y determinar cuáles van a ser las afectaciones que vamos a realizar, pero como ellos nos informan al día, no nos da tiempo de informar a la población”, declaró Montenegro.
peligran vacunas
En Managua quienes han sufrido las consecuencias de los constantes apagones, además de los hospitales, son los centros de salud.
El doctor Mauricio Marín, director del Centro de Salud Francisco Morazán, dijo que por la falta de energía, una buena cantidad de vacunas que almacenan, entre éstas la pentavalente y contra el tétanos y la difteria, corren el riesgo de descomponerse.
“Esto nos obliga a hacer uso de las llamadas cajas frías, pero éstas no son adecuadas porque las vacunas no están a una temperatura ideal”, añadió el médico.
Pero lo que más preocupa a Marín es que personas que llegan de emergencia al centro en busca de un aparato nebulizador o de un electrocardiograma, no los pueden utilizar porque éstos sólo funcionan con energía eléctrica.
La subdirectora del Centro de Salud Francisco Buitrago, doctora Silvia Bustamente, reconoció que la falta de nebulizadores es lamentable cuando a nivel nacional se reporta un incremento de las enfermedades respiratorias. Las personas graves son referidas a un hospital y en el trayecto se pueden complicar aún más.
(Con la colaboración de Silvia González, Lucía Vargas y Nohelia Sánchez).