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El autoritarismo es paranoico

Desde hace un buen tiempo, el presidente venezolano Hugo Chávez viene utilizando el discurso de una supuesta invasión de Estados Unidos a Venezuela. El año pasado, Chávez dijo conocer de un plan norteamericano para invadir su país denominado “Balboa” y ofreció a Ted Koppel, presentador del programa Nightline, enviarle mapas y otros documentos del presunto plan. También dijo que Venezuela tenía su plan anti-Balboa y que si Estados Unidos se atrevía a atacar, se enfrascarían en una guerra que duraría cien años. Hasta la fecha, el Presidente no ha cumplido su palabra de enviar las pruebas de la existencia del plan Balboa. Recientemente, Chávez ha retomado el discurso de invasión norteamericana y ha instado a las fuerzas armadas de su país a “abandonar los sistemas de guerra convencional y dirigir los estudios y la formación de los militares hacia la ‘guerra asimétrica’ en la que el potencial enemigo es muy superior en todas las variables militares, salvo en la del dominio del terreno”.

Por otro lado, el presidente Chávez también ha hecho declaraciones sobre presuntos planes de sectores nacionales y extranjeros adversos a su gobierno para matarlo e, incluso, ha dado discursos melodramáticos de despedida ante el pueblo venezolano recomendándole que si él muere profundicen la revolución. Últimamente dijo que los planes para matarlo eran organizados en y por el Gobierno de EE.UU. el cual se quería quedar con el petróleo venezolano. Chávez tampoco ha ofrecido pruebas concretas de estas afirmaciones. Nadie ha sido capturado, enjuiciado o encarcelado; pero sigue diciendo que “hay gente de verdad empeñada en matarme”. Recientemente, el ex Ministro del Interior sandinista y ahora diputado de su partido FSLN, Tomás Borge, dijo ante la prensa nacional que el presidente Chávez no asistiría al aniversario de la revolución sandinista el 19 de julio de este año porque aquí en Nicaragua no existían condiciones de seguridad que garanticen la integridad del presidente venezolano.

El Gobierno de EE.UU., por medio de los canales respectivos ha insistido que tanto las acusaciones de Chávez relativas a un ataque norteamericano a su país como el complot para matarlo son ridículos y falsos. Pero Hugo Chávez ha puesto oídos sordos a dichas explicaciones y sigue amenazando con su oratoria marxistoide diciendo cosas como que si EE.UU. invade Venezuela, “encendería la mecha” en toda América Latina.

A la par que habla y amenaza, Hugo Chávez habla y visita frecuentemente a Fidel Castro quien lo considera un “entrañable amigo de Cuba” y con razón, pues Venezuela envía 53 mil barriles de petróleo al día a Cuba a precios preferenciales. Además, planea una pronta visita a Corea del Norte, Rusia y Vietnam.

La actitud del presidente Chávez es bastante cantinflesca y recuerda la de los sandinistas en los años ochenta cuando mantuvieron al país en tensión permanente por varios años con alarmantes advertencias sobre supuestas invasiones del ejército norteamericano a Nicaragua. Con este discurso justificaron la creación de un ejército desproporcionado para un país tan pobre como el nuestro. Además del ejército regular, contaban con las milicias populares, la reserva civil y los miembros del servicio militar obligatorio. El discurso de invasión también sirvió a los sandinistas para comprar cantidades obscenas de armamento soviético que incluía aviones de guerra, helicópteros, tanques y pertrechos militares que al final se tradujeron en una deuda externa impagable. Mucho de ese armamento —incluyendo helicópteros— desapareció misteriosamente luego que los sandinistas perdieran el poder político en las elecciones de 1990 sin que hasta la fecha se haya dado una explicación satisfactoria.

Si EE.UU. en realidad quisiera invadir Venezuela, Chávez no podría hacer absolutamente nada para evitarlo y su guerra de cien años se reduciría a unas cuantas horas. Pero es obvio que Venezuela no representa un peligro para la seguridad nacional de EE.UU. por lo que una invasión a ese país es improbable. Entonces, ¿cómo se deben tomar estas declaraciones del mandatario venezolano? Además de constituir una estrategia para mantener al país en una psicosis de guerra, sus propios conciudadanos dicen que Chávez ha aprendido de Fidel Castro este discurso sensacionalista acerca de supuestas invasiones y complots para matarlo para desviar la atención del pueblo de los problemas domésticos que el chavismo no ha atendido debidamente. Vox pópuli, vox Dei.

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