En cada torneo que ha sobresalido la Selección Nacional de Beisbol, la constante ha sido el crecimiento de al menos un lanzador, alguien que con su sola presencia en la colina sirva de inspiración a sus compañeros y transmita seguridad, que lleve en hombros al equipo, ganando los juegos claves sin medir al rival.
Este año, ese tirador parece ser Aristides Sevilla, quien va alcanzando la madurez como atleta y, quizá más importante aún, como persona.
“Ya no soy el chavalo alocado de años atrás. Antes no le ponía mucha importancia a lo que hacía, pero ahora estoy más comprometido con lo que hago”, asegura Sevilla, quien con el Bóer en el reciente Campeonato Nacional ganó 12 juegos y solamente perdió uno.
“Si me nombran como pitcher número uno del staff, lo voy a tomar con mucha responsabilidad y voy a hacer todo lo posible para responder”, señala el tirador que está programado a lanzar el primer partido de Nicaragua en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y luego el duelo de la “muerte súbita”, en donde se pasa a disputar medalla, lo que convierte a Sevilla en el hombre de los juegos claves del equipo.
Sevilla demostró en el pasado campeonato que atraviesa un gran momento en su carrera. Y desde que se convirtió en padre, ha dejado de ser el chavalo inmaduro de antes. La única duda a su alrededor es cómo están sus condiciones físicas, porque quedó sin jugar un mes antes de concluir el torneo, debido a la eliminación del Bóer.
“Sigo en buenas condiciones”, responde sin titubear el leonés. “Me mantuve activo jugando en la Mayor A y me siento listo para lanzar el próximo domingo ante Venezuela”, concluyó.