Los italianos han esperado este momento durante 24 años y reservaron una recepción triunfal a sus campeones del mundo a su regreso a Roma con el trofeo conquistado en la final ante el equipo de Francia, contra el que lanzaron sus pullas los tifosi en regocijo.
Los nuevos campeones del mundo llegaron ayer al aeropuerto militar de Pratica di Mare, cerca de Roma, donde fueron recibidos por varios centenares de aficionados.
El capitán y pilar de la defensa de la Squadra Azzurra, Fabio Cannavaro, fue el primero en salir levantando el trofeo, seguido por el seleccionador Marcello Lippi.
El guardameta Gigi Buffon, con gafas negras y medalla de oro al cuello fue el tercero en descender del avión, seguido por el medio recuperador Rino Gattuso, cráneo afeitado y traje oscuro.
Varios centenares de aficionados habían esperado durante varias horas bajo un sol de justicia para dar la bienvenida de los ‘azzurri’. “Estamos en el séptimo cielo”, confesó Marcello Lippi a su llegada. Nadie creía en efecto en una victoria de la Squadra Azzura.
Las “flechas tricolores” de la patrulla aérea italiana multiplicaron las acrobacias sobre el aeropuerto cuando el avión italiano aterrizó, antes de dejar un rastro con forma de corazón en el cielo.
Italia levantó por cuarta vez en su historia tan deseado trofeo al término de una final interminable y crispante contra Francia que terminó con el lanzamiento de penales (1-1, 5 a 3 en los penales).
El encuentro se vio deslucido por la expulsión del capitán del equipo de Francia Zinedine Zidane durante la prolongación (110), tras propinar un cabezazo vengador en el pecho del defensa italiano Marco Materazzi.