Como si la actual crisis por la que atraviesa el beisbol nacional no fuera suficiente para su descrédito, ahora informa Róger Mejía, desde Miami, que William Juárez abandonó su puesto en los 51’s de Las Vegas, el club Triple A de los Dodgers.
Y no es que el beisbol dependa de William para restituir su imagen, pero en un mundo como el nuestro, en el cual el hombre se mueve a través de los ejemplos, siempre es necesario contar con referentes que marquen el paso para las futuras generaciones.
No sabemos cuánto habrá aportado económicamente Vicente Padilla al beisbol nacional, pero sí somos conscientes que eso no es lo más valioso que puede proporcionar. El sólo hecho de lanzar bien ya estimula a una sociedad agobiada por la desesperanza.
Hasta antes de esta dificultad, Juárez parecía un jugador distinto al nica, es decir, parecía un jugador serio, responsable, respetuoso y con deseos de superarse. Y por su amabilidad con el periodismo parecía el big leaguer que hemos estado esperando.
Pero resulta que, de acuerdo a los detalles que ha suministrado Mejía, el chinandegano decidió regresar a Nicaragua, tras una mala salida, después de la cual habría recibido un llamado de atención.
No pude localizar a William ayer tarde y eso me limita mucho de poder opinar, pero de todas formas su regreso acelera reflexiones que uno tiene en relación a los prospectos nicas que han firmado.
He conocido casos de nicas que se han devuelto porque: el manager me mira de mal modo, o ni siquiera me mira. La comida es horrible, hay racismo o me faltó un padrino.
Y si no es por eso, se vienen porque están enamorados, o porque les va a nacer un hijo. Hay quienes han quedado fuera por falta de talento, pero otros han tenido talento y les ha faltado hambre. Pero la verdad es que los cobardes siempre tienen una excusa.