El cielo francés viste de duelo. Italia se sacó la lotería imponiéndose en los tiros de penal 5-3, y obtuvo su cuarta Copa del Mundo, después de sostener con un futbol ensombrecido ese férreo abrazo 1-1 a lo largo de 120 minutos, tan agobiantes, que exprimieron hasta los huesos de los protagonistas.
El único fallo desde los 12 pasos, fue el de David Trezeguet, reemplazo de Frank Ribery en el minuto 99.
Por Italia apretaron sus gatillos eficazmente, Andrea Pirlo, Materazzi, DeRossi, Alessandro Del Piero y Fabio Grosso, en tanto respondieron por Francia, Wiltord, Abidal y Sagnol. El último disparo francés no fue necesario. Todo estaba consumado.
Uno piensa que Francia, por su establecimiento en la cancha después de un primer tiempo cobijado por la mediocridad, y el crecimiento conseguido en la recuperación de pelotas, dominio del medio juego y accionar ofensivo, tanto durante el segundo tiempo como en el recorrido extra, merecía mejor suerte.
Pero ver al equipo francés sin Henry, golpeado y agotado, y sin Zidane, expulsado por una acción brusca sobre Materazzi, era como entrar a París y descubrir que hacen falta el Arco del Triunfo y la Torre Eiffel.
Aún con un hombre menos, Francia no renunció a su agresividad y cerró fuerte, robándose la admiración del mundo con algunas gotas de sangre disponibles pero suficiente alma para fajarse.
¿Quién iba a pensar que se estaría cobrando un penal apenas a los 7 minutos?
Lo cometió Materazzi a Malouda, tratando de frenar una entrada por la izquierda, y lo ejecutó con maestría de quien trabaja sobre un lienzo, Zinedine Zidane.
Su impulso hacia la pelota fue leve. Aplicó el freno y dejó a Buffon desarticulado. Golpeó la pelota por abajo y la hizo volar como paloma mensajera hacia la escuadra superior izquierda del arquero, pegando en el horizontal y rebotando al descender en la parte de adentro, antes de salir.
Frío, pensante y certero, Zidane dejó su sello de grandeza en esa ejecución que colocó a Francia adelante 1-0 casi sin darse cuenta.
Al minuto 19, después de un susto mayúsculo provocado por un casi auto-gol de Materazzi, tratando de desviar un centro potente de Sagnol desde la derecha, el mismo Materazzi, saliendo del túnel, resorteo y se elevó para cabecear un centro de Pirlo desde la esquina derecha, y asestó la estocada que empató el juego 1-1. El arquero Barthez no tuvo tiempo de montar en su caballo.
Italia estaba realizando un llamativo primer tiempo, y parecía tener el control de los hilos del partido.
A los 27 minutos, Materazzi clavó un cabezazo abajo devuelto por William Gallas en la raya, y un rato después, aprovechando un corner de esos que Pirlo coloca con exactitud frente al área chica, Luca Toni con un remate de cabeza hizo temblar el horizontal.
Italia lució bien
En ese iluminado primer tiempo, Italia danzaba, abría juego, atacaba, sujetaba, y parecía encontrarse en ruta hacia una victoria rotunda, en tanto Francia, con Henry enfrentando una marcación muy efectiva dirigida por Cannavaro y Zidane poco visto, multiplicaba esfuerzos por evitar el derrumbe.
¿Cómo fue posible cambiar las imágenes al regresar los equipos para el segundo tiempo? Francia, con solvencia y autoridad, tomó la pelota, amplió su radio de acción, hizo funcionar la contención en el medio y consiguió constantes proyecciones, obligando a Italia a un repliegue más temeroso que cauteloso.
Malouda, Ribery y por supuesto Henry, atormentan a la sólida defensa italiana, mientras Zidane comienza a ser más incidente como enganche. Sorpresivamente, en el minuto 62, en una jugada de contragolpe, es anulado por fuera de lugar un gol de Italia, y Francia retoma las riendas.
En el tiempo extra, Ribery no puede culminar una excelente combinación y desvía su disparo al lado del poste derecho. A los 104 minutos, un impresionante cabezazo de Zidane recibiendo un pase largo de Sagnol, es rechazado por Buffon en una gran contorsión muscular mostrando sus vivísimos reflejos.
Cuando se va Henry y expulsan a Zidane, Francia no muestra la menor flaqueza, y continúa presionando. Es Italia quien parece tener un hombre menos, pero tal esfuerzo no es productivo y el aterrizaje en los tiros de penal, es inevitable.
En el momento en que falló Trezeguet, un gran vuelo de cuervos manchó el cielo francés, y un soplo milenario trajo señales de muerte.
¡Qué dolor tan profundo se siente al perder así! Ni modo. Es la segunda vez que ocurre en una final. En 1994, el “cadáver” fue de Italia, con Brasil celebrando.