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EL ALEMÁN LUKAS PODOLSKI gana el balón en salto con el argentino Esteban Cambiasso, en duelo en el Estadio Olímpico de Berlín. (FOTOS LA PRENSA/AFP)
una ilusión agujereada
Argentina eliminada por alemania
Edgard Tijerino M.
deportes@laprensa.com.ni
Siempre presentes

Alemania, ganadora de tres Copas, ha estado siempre presente en cuartos de final desde 1982 en España, cuando fue vencida por la Italia de Paolo Rossi en la final, 3-1.

En México 86, Alemania avanzó a la final perdiendo con la Argentina de aquel Maradona iluminado 3-2, luego en 1990, ajustaron cuentas derrotando a Argentina 1-0 controlando a Maradona.

Durante el Mundial de Estados Unidos en 1994 y el Mundial de Francia en 1998, llegaron a cuartos de final y en el 2002, cayeron 2-0 ante Brasil en la final.

Los títulos mundiales fueron ganados por los germanos en 1954, 1974 y 1990. Así que, buscan ahora su cuarta Copa.

RESULTADO4-2

Maldición, esto de decidir un partido con tiros desde los doce pasos, es una ocurrencia que nos empuja hacia lo injusto. Prefiero el gol de oro. Hasta que se produzca, no importa el tiempo.

Roberto Ayala y Esteban Cambiasso todavía están golpeando las paredes con sus cabezas. Ellos fallaron dos penales y Argentina quedó eliminada por cuatro aciertos de los franco- tiradores alemanes, agujereando a Leo Franco, el arquero del Atlético de Madrid, quien había reemplazado al golpeado Abbondanzieri.

Después de un equilibrio en la pizarra 1-1, durante la especulativa batalla que se extendió a 120 minutos, Argentina y Alemania tuvieron que ir a buscar la victoria con una terrible picazón en sus ombligos, desde el punto de penal, con los dedos cruzados y cierto escalofrío recorriendo el sistema nervioso de los tiradores.

Ganó Alemania el duelo de pistoleros 4-2, con ejecuciones impecables de Oliver Neuville, Michael Ballack, Lukas Podolski y Tim Borowski. Por Argentina, anotaron Julio Cruz y Maxi Rodríguez.

Al caer el telón, uno adivina el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando una amargura. Son las mismas que alumbraron el avance argentino a cuartos de final, y que ahora, con sus pálidos reflejos, apenas nos permiten ver el desvanecimiento de las esperanzas.

¿Y qué esperábamos? El ímpetu desbordante y destructivo de Alemania, frente a la destreza difícilmente comparable y facilidad para fabricar posibilidades de Argentina.

Lo siento, vimos muy poco de eso. Como si las imágenes hubiesen sido cambiadas.

¿Cuántas opciones claras de gol presenciamos en los primeros 45 minutos? Una de cada lado. El cabezazo largo y potente de Ballack sobre un servicio de Schneider, que pasó al lado de la escuadra derecha de Abbondanzieri, y la penetración de Tévez con entrega a Sorín.

Argentina con la pelota la mayor parte del tiempo, pero recortada en ideas, Alemania atrás refugiándose en la posibilidad de estructurar contra ofensivas. Poco espacio para maniobrar en las dos áreas.

De pronto, la aparición oportuna, de Roberto Ayala, entre las narices de la mordedora defensa alemana, y el cabezazo preciso sobre el centro desde la esquina derecha enviado por Riquelme. El arquero Lehmann perforado, y apenas a los 4 minutos del segundo tiempo, Argentina en ventaja 1-0.

Cambios estratégicos. Argentina empeñado ahora en buscar la ventaja, y opciones para contragolpes, mientras los alemanes, obligados a lanzarse por el empate, abren algunas puertas atrás.

Ballack le pega con pierna izquierda pero es bloqueado, Maxi Rodríguez recibe de Tévez, se filtra, parece tener tiempo y espacio, pero se traba, y al minuto 80, gol de Mirsolav Klose. Es Ballack quien centra desde la izquierda, Borowski se levanta y desvía con su cabeza hacia el segundo poste, justo para el remate de Klose por arriba, sin chance para Leo Franco. Con 10 minutos pendientes 1-1.

Apunten posibilidades malogradas de Maxi Rodríguez y Luis González, antes de llegar al alargue, continuar con la progresión de la inutilidad, y aterrizar en los tiros de penal, que tanto temían los dos equipos. Para sobrevivir, Argentina necesitaba una fotocopia de Goycochea, pero no la tenía. Así que, aunque no regresa a casa con la frente marchita, sus ojos se cerraron y la Copa sigue andando.

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