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En el estadio de Fráncfort, la mayor parte de los aficionados -incluidos los germanos- apostaban a Brasil. ( LA PRENSA/AFP)
Alemanes visten hoy la verdeamarela
EFE

FRANCFORT.- La ciudad de Fráncfort se "disfrazó" de "canarinha" para el partido de cuartos de final entre Brasil y Francia, no por falta real de afición "bleu", sino por los refuerzos de aficionados alemanes para las filas de Ronaldinho.

Unas 70,000 personas llenaron la milla del aficionado, en la ciudad, entre las que dominaba claramente el verde y amarillo brasileño y también los gritos de apoyo a Portugal, para el anterior partido contra Inglaterra.

Dentro del estadio, con 48.000 plazas, la proporción de camisetas de uno y otro bando era del 60 por ciento, para Brasil, frente al 40 por ciento para los "bleus" de Zinedine Zidane.

"Eso no significa para nada que tengamos en la ciudad más brasileños que franceses: es incalculable la cantidad de alemanes que apoyamos a Brasil", explicó a EFE un portavoz policial, olvidándose de la obligada neutralidad e incluyéndose en ese grupo.

Al margen de las dificultades para definir a la afición propia de la añadida, las cifras denotaban una afluencia mucho mayor de seguidores franceses -es de suponer, en este caso, auténticos- que en el anterior partido de octavos contra España.

QUIEREN REPETIR FINAL DEL 2002

En esa ocasión, el estadio fue de claro dominio español, con un 70 por ciento de asientos "rojos", frente a apenas un diez por ciento de azules y un restante 20 por ciento de color indefinido, presuntamente alemán.

"Por entonces no contábamos con más partidos con Zidane... Ahora es distinto. Y además estamos más cerca", comentaba un joven francés, camino del estadio.

Las simpatías del anfitrión están por Brasil, como suele ocurrir, a pesar de que supuestamente sería un rival más difícil, caso de llegar ambas selecciones a la final de Berlín, el 9 de julio.

"Queremos una final gemela a la de 2002, pero con resultado inverso", argumentaba un jubilado alemán, ya la puerta del estadio.

Es decir, con Alemania como campeona del mundo y Brasil de subcampeona, al revés de lo ocurrido en el torneo de Corea del Sur y Japón.

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