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El llanto no distinguió sexo ni edad en Brasil. (LA PRENSA/AFP)
Brasileños entre el llanto y el samba
Omar Lugo
EFE

RÍO DE JANEIRO.- Millones de brasileños asimilaron hoy la amarga derrota contra su verdugo histórico, Francia, en medio del llanto y la música, en un esfuerzo por recomponerse, para tratar de superar la pesadilla de quedar fuera del Mundial de fútbol en los cuartos de final.

En el turístico barrio de Copacabana, en Río de Janeiro, centenares de personas que presenciaban el encuentro en bares y al aire libre, en pantallas gigantes, comenzaron a dispersarse en cuanto terminó el fatídico partido, mientras otros siguieron reunidos para consolarse mutuamente, intentando contener el llanto.

"Vamos, no hay que llorar, vamos a levantar la moral", dijo un DJ en una esquina de Copacabana, mientras tocaba música brasileña y se esforzaba por mantener la compostura de las decenas de personas que se habían reunido para seguir el partido en una pantalla gigante.

En todas las ciudades de este país de 180 millones de habitantes donde el fútbol se profesa con un fervor religioso, la decepción se instaló en las caras y en las calles.

FIESTAS NAUFRAGARON

Muchas fiestas armadas con anticipación naufragaron y muchos cohetes prestos a la celebración quedaron sin encenderse. Pero al menos las cervezas ya heladas y la tradicional cachaza sirvieron para matar el despecho.

La rara paradoja de caras largas con música de fondo tomó cuenta del Valle de Anhangabau, una plaza del centro de Sao Paulo, donde en los cuatro partidos anteriores los paulistas se habían reunido a celebrar las victorias.

Como ya había buenos músicos contratados para celebrar la victoria en espectáculos populares, mucha gente prefirió quedarse para exorcizar la derrota.

Pero al menos en algunos barrios de Sao Paulo sí sonaron cohetes. "Ya que los teníamos comprados, de nada sirve guardarlos para Navidad", comentó a EFE una vecina en el acomodado barrio de Jardin.

LLUEVEN CRITICAS CONTRA PARREIRA

Mucha gente había programado almuerzos entre amigos y familiares, confiados en que iban a celebrar la venganza contra Francia.

Al final, las cervezas y los postres sirvieron de contrapunto para los más duros comentarios en contra del técnico Carlos Alberto Parreira y sus pretensiones de llevar a Brasil al sexto título mundial con un equipo pretencioso e incoherente donde nadie cargaba el piano.

Los brasileños, que antes del comienzo de la Copa del Mundo ya se creían predestinados a ser campeones por sexta vez en la historia, presenciaron atónitos el gol de Thierry Henry en el minuto 57.

De ahí en adelante en bares, restaurantes, plazas y viviendas, algunos gritos de ánimo, acompañados de batucadas de tambores, intentaban encender la esperanzas.

A ESPERAR CUATRO AÑOS MÁS

Pero en la medida en que transcurría el tiempo y el partido se aproximaba a su final inevitable con un Brasil que no llegaba a la portería contraria, los ánimos se fueron desinflando.

En la capital federal, Brasilia, algunos cohetes esporádicos tomaron el cielo y la mayoría de los bares seguían llenos y había gente sambando.

"Ya pasó, todo el mundo maldiciendo a Parreira, pero mientras maldecían a Parreira seguían sambando. Son muy tropicales estos brasileños", comentó a EFE un argentino residente en Brasilia.

En los suburbios de Río de Janeiro hubo quien se lo tomó a pecho y se fue a dormir temprano y el silencio se apoderó de la ciudad, pero la gran mayoría pensó que si se perdió se perdió, y no hay nada que hacer sino hacer sonar la música, mojar el gañote y esperar otros cuatro años.

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