La Asamblea General de la ONU proclamó el 16 de diciembre de 1992, la necesidad de celebrar un “Día Internacional de las Cooperativas”, exhortando en resolución del 23 de diciembre de 1994, a los gobiernos, organizaciones internacionales y cooperativas en general a celebrar conjuntamente este día y en 1995 la misma ONU declaró que debía celebrarse el primero de julio de cada año el centenario de la creación de la Alianza Internacional de las Cooperativas (ACI). La ONU reconoció de esta manera que las cooperativas son factores indispensables del desarrollo económico y social.
Muchos países por medio de sus gobiernos y organizaciones no solamente reconocen y festejan este día, sino que le dan todo su apoyo al movimiento. Tomemos el ejemplo más cercano: el de Costa Rica, donde un hombre por su condición de cooperativista, el movimiento lo llevó a la Presidencia y estando en el poder le dio el espaldarazo y actualmente este país tiene uno de los movimientos más cohesionados y exitosos del continente. Este hombre es Luis Alberto Monge que tuvo fe y creyó firmemente en el cooperativismo. Actualmente la Oficina Regional del Continente Americano de la Alianza Cooperativa Internacional está en San José, Costa Rica.
El cooperativismo tiene dos enemigos naturales como son el capitalismo, que dice que las cooperativas son comunistas y el comunismo que dice que son capitalistas. Ambos sistemas se equivocan pues este movimiento está en medio y puede contribuir a la creación de empresas sólidas económicamente cuyas metas serían la solución de los diferentes problemas de los asociados sin aspirar al lucro pero sí a la autosostenibilidad y competitividad. Las cooperativas son enemigas de los conflictos que atacan al ser humano de menores recursos y quieren lograr una estabilidad económica mediante un empleo seguro, una vivienda digna, un fácil acceso al crédito o a los productos de consumo, al seguro, a mercados nacionales e internacionales, y en fin en alcanzar la satisfacción de múltiples necesidades.
En Nicaragua no hemos reconocido plenamente los factores positivos de este movimiento, pues se ha confundido con fines políticos, los desmanes del pasado han influido no tener confianza en el movimiento. Una de las normas que han prevalecido desde cuando eran un principio cooperativo: “Exclusión a la discriminación política, racial o religiosa”, han logrado que en algunos países el cooperativismo ha devenido en un sector más de la economía.
Ojalá que el próximo Gobierno le dé todo el apoyo a este movimiento con ortodoxia y tengamos líderes que no se entronicen en el mando cooperativo y actúen con honestidad y sin ribetes políticos. Hagamos votos para que el próximo quinquenio alcancemos la madurez cooperativa que en estos momentos no tenemos.