Felipe Calderón, con 43 años, es el candidato más joven de la contienda presidencial en México y gusta de presentarse como “el hijo desobediente” ante el electorado, a pesar de que su formación es católica y tradicional, un puro producto del partido oficialista Acción Nacional (PAN).
Hace un año era un nombre poco conocido por los votantes, y en cinco meses consiguió igualar la competencia con el que era el gran favorito para llevarse las elecciones del 2 de julio, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
“Yo soy como los caballos buenos, que arrancan desde atrás”, asegura una y otra vez sin perder su sonrisa este ex diputado federal y ex ministro de Energía, de clase media, aspecto pacífico y discurso nada exaltado, al menos en público.
“En su círculo cercano es una persona que tiende a enojarse fácilmente, y eso no se ha contado mucho”, asegura la analista política Katia d’Artigues.
Calderón seguía a más de 10 puntos de López Obrador en marzo, cuando hizo cambios.
Su tono subió, y sus ataques contra López Obrador se tornaron más incisivos, para lo cual no dudó en rodearse de consejeros como Antonio Solá, un hombre cercano al ex presidente español conservador José María Aznar.
Calderón guarda a pesar de todo distancias con los más conservadores de su partido, consciente de que ante el electorado mexicano debe presentar un aspecto más conciliador.
La desigualdad y la impaciencia de las clases populares tras años de austeridad económica son las dos tareas pendientes del gobierno de Vicente Fox, del que Calderón formó parte escasamente durante nueve meses, hasta mayo de 2004, cuando tuvo que dimitir por anticipar en público su deseo de ser candidato presidencial.
“El hijo desobediente” gusta de llamarse Calderón, el título de su reciente autobiografía y de su preferido corrido mexicano.
Calderón entró en el PAN cuando su padre, Luis Calderón, abandonó el partido en protesta porque consideraba que se había abandonado el carácter orgulloso de sus fundadores, católicos militantes, cuando el clericalismo era perseguido en numerosos estados.
El PAN estaba siendo invadido por empresarios y jóvenes dispuestos a tomarse la revancha y el poder, sin esperar a que el PRI se cansara. Entre ellos estaba Felipe Calderón, como él mismo reconoció.
“En mi casa se militaba en la oposición en un tiempo en que México era muy oscuro, un México autoritario, donde ser oposición era muy peligroso: se perdía el empleo, se perdían los amigos, a veces se perdía la vida”, explicó.
Educado en los maristas, de misa diaria, Calderón tuvo una carrera rápida en el PAN. Aunque para ello tuvo que volver a “matar al padre”, cuando reemplazó en la presidencia a Carlos Castillo Peraza, su mentor político, en 1996, una sucesión amarga y les separó.
Lo mismo sucedió con Fox, que lo derrotó en la carrera para ser candidato a la Presidencia en 1999. En protesta, Calderón abandonó la escena pública y se marchó a Harvard para estudiar una maestría en Administración Pública.
“Es el niño bien de la campaña” electoral, opina d’Artigues. Hombre de familia, una imagen explotada abundantemente en su publicidad. Liberal en lo económico, mucho menos en el plano social, Calderón se opone públicamente al matrimonio entre homosexuales, y al aborto, aunque no ha expresado claramente cuál sería su política en ese punto si llegara al poder.