Mis otros ojos
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La miopía es una enfermedad que puede ser adquirida gracias a las “nuevas tecnologías” |
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María José Amador revista@laprensa.com.ni
Cuando Benjamín Zamora tenía unos 7 años, notó que algo raro le estaba sucediendo. Fuertes dolores de cabeza comenzaron a atormentarlo de día y de noche, pero además desde su lugar ubicado en el centro de su aula de clases, las letras que la maestra escribía en la pizarra se convertían en garabatos que le bailaban de un lado a otro. Para lograr descifrar los “jeroglíficos” que veía desde ahí, tuvo que cambiarse al primer asiento de la fila.
La maestra de Benjamín no tardó en percibir su problema. Le resultaba curiosa la forma en que éste corría tras sus compañeritos a la hora del receso, y más aun cómo los confundía cuando jugaban “la quemada”. Sus cuadernos también le dieron una pista acerca del problema que lo aquejaba.
“Empecé a percibir que no miraba bien en clases y que mis amigos se me confundían entre el resto de estudiantes”, cuenta Benjamín, quien procedió a informarle a su mamá, doña Nelda Sánchez.
Cuando Benjamín cumplió 8 años, doña Nelda decidió llevarlo al médico para buscarle una solución al problema y éste le dijo que tenía miopía en ambos ojos, por lo cual le recomendó usar anteojos. Desde entonces sus lentes y él son uno sólo.
Según el doctor que lo atendió, la miopía se debía a que sus ojos eran más grandes de lo normal, característica que se presenta en muchos niños que padecen esta enfermedad, que también puede ser hereditaria. No obstante, advirtió que en algunos casos, se adquiere por la exposición excesiva a las computadoras o a la pantalla del televisor mientras se ven programas o se practican videojuegos, sobre todo cuando están ubicados en lugares con poca iluminación.
CAUSA COMÚN
Como el caso de Benjamín hay miles en Nicaragua y en muchas partes del mundo. Estos niños no sólo padecen la deficiencia que reduce la capacidad de la visión, sino que se exponen al escarnio de los amiguitos que de manera muy grosera les llaman “cuatro ojos”.
“En el aula éramos como tres con anteojos, y como todo niño, me daba mucha pena usarlos, ya que mis compañeros se burlaban”, recuerda Benjamín.
En las aulas de clases de primaria, secundaria y hasta la universidad es fácil notar que por lo menos cinco estudiantes usan lentes. Y aunque en Nicaragua no existe un estudio sobre cuántos niños padecen de miopía y cuántos la han adquirido, “gracias a la tecnología” los oftalmólogos nacionales e internacionales coinciden en que atienden a por lo menos un niño a la semana.
Esta “miopía adquirida” la resolvemos con el uso de anteojos, lentes de contacto o una cirugía una vez que la persona cumple sus 20 años”, asegura el oftalmólogo Julio Quezada, quien ha atendido a muchos menores y jóvenes que envían los colegios porque presentan dificultad para leer, por pasar largas horas frente a los aparatos audiovisuales.
Por ende, los oftalmólogos recomiendan usar anteojos desde que se descubre la enfermedad, al igual que lo hizo Benjamín Zamora, quien con el tiempo sus amigos y él se acostumbraron a los “cuatro ojos”, ya que continuó jugando futbol y hoy se dedica a estudiar música y a leer.
EL KARMA DE LOS LENTES
Algunos lucen “intelectuales”, y eso les gusta, pero hay quienes detestan usar lentes porque sus amigos los llaman “cuatro ojos”. Sin embargo, muchos niños ignoran que pudieron librarse de los anteojos con sólo haber disminuido su tiempo frente al televisor o la computadora

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