Presupuesto: botín de guerra de políticos
Mario Alfaro Alvarado
En qué clasificación encaja el Estado nicaragüense? ¿Es un Estado de Derecho, es feudal, es un Estado liberal o conservador, es de derecha o de izquierda? La lista puede resultar extensa, porque este Estado polifacético tiene de todo sin que predomine una característica que lo defina con exactitud.
¿Es un Estado de clases? Indudablemente que sí. Aquí destacan dos clases bien definidas, si lo que buscamos es precisión. Una clase caudillista, privilegiada, sin filosofía política que domina a otra clase: la población trabajadora que produce la riqueza que la clase dominante disfruta a plenitud. La primera tiene por ideal la conquista del botín estatal, la segunda sueña con libertad y progreso, honestidad y justicia.
Un símil buscado en las páginas de la historia permitiría entender la interrelación de esta estructura política y social. Nos enseña la historia que en la antigüedad los países fuertes conquistaban con la espada a los débiles para apoderarse de sus riquezas, convertir a sus habitantes en contribuyentes forzados, cuando no en esclavos. Los jefes de los ejércitos conquistadores, formaban la clase privilegiada que dilapidaba la riqueza que producían los pueblos sometidos.
Aquí en Nicaragua los partidos políticos son los ejércitos conquistadores, su ideal es capturar el poder para gozar de los privilegios que les brindaba la conquista. Como en la antigüedad, hasta hace muy poco los partidos locales conquistaban el poder con las armas y gobernaban al pueblo sometido por medio de la coacción y la fuerza policial. Desde 1893 hasta 1990, durante 97 años y casi en forma ininterrumpida, el pueblo nicaragüense vivió sometido a gobiernos dictatoriales.
Liberales, conservadores y sandinistas, dirigidos por caudillos, le impusieron a Nicaragua un sistema de explotación en beneficio de las élites gobernantes que dispusieron a conveniencia de los recursos fiscales y de los medios de producción, para repartírselos en prebendas, sinecuras y canonjías, y con el tiempo crearon un sistema de vasallaje que se resiste a desaparecer.
Los liberales le han obsequiado al pueblo de Nicaragua 67 años de dictadura: de 1893 a 1909, 16 años; y de 1928 a 1997, 51 años. En el largo período del somocismo los liberales proclamaron su derecho a gobernar este país sin alternancia en el poder y acuñaron el ominoso eslogan: “Somoza for ever”, que más tarde convirtieron en el primer principio ideológico de un liberalismo sin filosofía.
Culpables de imponerles a Nicaragua más de medio siglo de dictadura personal y autocrática, después de apoyar firme y devotamente a la dictadura dinástica de la familia Somoza, en 1997 los culpables huyeron de Nicaragua y no se hicieron notar mientras el pueblo democrático luchaba contra la nueva dictadura que conquistó con las armas el poder y abrió la puerta al internacionalismo comunista inspirado en las prácticas de dominación de Fidel Castro.
Obligado por la presión internacional y la oposición armada de los patriotas nicaragüenses, el nuevo partido conquistador aceptó jugarse su destino político en unas elecciones —las primeras elecciones libres y limpias en la historia de este martirizado país— en que el pueblo masivamente dijo no al marxismo-sandinismo y sí a la democracia.
¿De dónde aparecieron los liberales? ¿De dónde habían permanecido en esperar de su nueva oportunidad? No interesa saberlo, pero surgieron después de haber descubierto al dictador que necesitaban para mantener el liberalismo indefinidamente en el poder.
Sin lucha armada y asaltar el poder, izaron el nuevo pendón: “Poder liberal for ever”, se aliaron con los últimos conquistadores y se repartieron las instituciones del Estado, por medio de megasalarios, piñatas, guacas, lavado de dinero robado al pueblo y sacado del país.
El autor es periodista

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