La naranja que fuma
María del Carmen Pérez Cuadra
Pártela en dos
ábrele los gajos despacio
y bebe del jugo dulce-amargo
que segrega su pulpa.
Clávale con fuerza
el puñal traicionero
de tu lengua de perro.
A mí, “La innombrable”,
déjame reposar mi muerte
en este nido-camisa de fuerza
que nace en mi dedo anular
y se extiende en ramas
que cada segundo muerden y desgarran
el hueco de mi pecho.
A tu naranja, si quieres,
ponle un cigarro
y ábrele con él
el agujero de su boca. 
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