Juan Carlos Onetti “total”
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 | Publican las obras completas del escritor uruguayo contrastadas con los manuscritos originales, algo importante ya que Onetti nunca corrigió una sola página de sus novelas |
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Juan Carlos Onetti. |
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Elena del Castillo/efe
Dorotea Muhr, “Dolly”, fue la mujer que compartió la vida con Juan Carlos Onetti durante más de 40 años, quien ordenó y pasó a máquina todo su trabajo y una de las coordinadoras de la publicación de las obras completas de su esposo (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores).
Con ocasión de la aparición del primero de los tres tomos, Dorotea ha declarado a EFE que Onetti estuvo siempre implicado en la realidad de su tiempo, y “si él viera cómo está el mundo, con la globalización tan injusta, el puro comercio, el capitalismo salvaje y la poca lectura que se practica sobre todo en los jóvenes, se horrorizaría”.
Violinista jubilada de la Orquesta Filarmónica de Madrid, asegura que Onetti “era divertidísimo, era maravilloso. Tenía un sentido del humor excelente y era un poco niño, jugaba siempre. Su obra está muy viva y es muy actual. Tenía un amor muy grande por la vida, sin perder nunca la conciencia innata de la muerte”.
Quizá fue tener esa conciencia lo que le llevó a decidir que viviría sus últimos diez años en la cama, como una negación de la existencia, porque “lo equivocado es dejar entrar el mundo exterior”, dijo de sí mismo. Allí recibía a las visitas, leía, escribía y se ensimismaba en la literatura.
Su leyenda negra de hombre hosco e intratable responde a la incomprensión de su ensimismamiento y de su gran libertad para elegir con quién dialogar.
Perseguido por sus ideas políticas progresistas, se exilió de su país a raíz del golpe de Estado militar de 1975, afincándose desde entonces en la capital española, donde murió en 1994, a los 85 años.
En Madrid cultivó la imagen del escritor que vive por y para la literatura. Alternó la actividad literaria y su relación con sus amistades, y en su última etapa con su whisky.
Onetti, Premio Cervantes 1980, está considerado uno de los fundadores de la novela moderna latinoamericana. Su obra de talla universal, fue calificada por él mismo como “una larga confesión”. Y es que Onetti supo unir como nadie, vida y literatura.
Su escritura se encuentra muy alejada del boom literario latinoamericano y cercana a la de autores como Faulkner, Proust y Celine.
Desde 1995, su esposa Dolly ha transcrito la versión última de los textos de Onetti, ahora publicados, escrupulosamente revisados y confrontados con los manuscritos que se conservan, tarea ardua puesto que Onetti jamás corrigió una sola página.
Por esa razón, estas obras completas serán de gran utilidad no sólo al lector interesado, sino también a los estudiosos del autor, que desde ahora tienen ya una edición fidedigna. La publicación ha estado a cargo de Hortensia Campanella, amiga de Onetti y actual directora del Centro Cultural de España, en Montevideo.
El primer tomo reúne El pozo (1939), Tierra de nadie (1941), Para esta noche (1943), La vida breve (1950), Los adioses (1954) y el anexo Tiempo de abrazar (1934).
El segundo tomo incluirá el resto de sus novelas, hasta la última, Cuando ya no importe (1993). Y el tercero estará compuesto por los cuentos, artículos y misceláneas de textos.
Hace diez años que el literato murió, pero Dolly Onetti hoy sigue hablando en presente de él. Se muestra “encantada y agradecida” por la edición de sus obras. “Hacía mucha falta en España y en América y ha quedado maravilloso. Se puede decir que es el Onetti total, ya no queda nada por publicar salvo las cartas que tengo, con correspondencia de amigos, como Julio Cortázar”, asegura la esposa del escritor.
“Él venía de tres matrimonios anteriores, pero para mí es toda mi vida”, afirma la viuda, quien cuenta en el prólogo de la nueva publicación, de forma emotiva, cómo le conoció y cómo fue su vida con el literato.
BRYCE ECHENIQUE: “SE SINTIÓ ATRAIDO POR EL MAL”
El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, exiliado como Onetti en Madrid, retrató para EFE la figura del uruguayo: “Como Flaubert, se sintió atraído por el mal, por el sufrimiento, por lo despreciable y vil, en la medida en que ello le resultaba útil para la ternura o la devoradora pena de sus libros. Y tuvo el don de la empatía, del que está igual con la víctima y con el verdugo. Por eso fue todos y ninguno de sus personajes. Trató con el mismo cariño al personaje que más amó o más detestó. Sabía que en la novela es esencial que quede suspendido el juicio moral, aun a riesgo de quedar alejado de la moral pública.
Como Balzac, logró situarse al margen de la vida, de la sociedad y sufrió en carne propia el drama de vivir entre los hombres con una actitud sesgada, oblicua, una actitud que lo predispuso siempre a salirse de lo inmediato, a huir de ello, para tender hacia lo intemporal. Si hablaba, no lo entendíamos; si escribía, hablaba no sólo de nosotros sino por nosotros.
Como a van Gogh, como a Rimbaud, la sociedad le suicidaba. A todos nos consta que pagó el precio de saber que una buena metáfora jamás puede hacer feliz a un hombre que vive y muere en literatura”. 
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