Mujeres construyen “aldea del adobe”
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37 mujeres de 45 beneficiarios se fajan en el trabajo |
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En la comarca Las Sabanas construyen casas, en calidad de ayudantes, unas 37 mujeres. (LA PRENSA/CORTESÍA PNUD)
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Juan Ramón Huerta Especial para LA PRENSA nacionales@laprensa.com.ni
María Gumercinda González López es una indígena que lleva marcadas en su rostro las huellas lacerantes del inclemente sol y en sus ojos una tragedia familiar; su esposo murió en la guerra que Nicaragua sufrió en los años ochenta. A sus 58 años perfora con fuerza —piocha en mano— un sólido cascote de tierra y cemento, residuo que ha quedado al pie de las casas de adobe.
Junto a doña Gumercinda más de treinta mujeres, entre ellas tres embarazadas, ejecutan labores de apoyo, limpiando escombros y ripios, pasan ladrillos de adobe, curan madera, afinan repello de paredes, y hasta cargan agua a la par de los hombres que trabajan en un proyecto de 45 viviendas en la comarca Las Sabanas, una comunidad indígena del municipio de Totogalpa, Nueva Segovia.
El déficit habitacional en este municipio es de seiscientas casas y su condición social es de pobreza severa, asegura su alcaldesa Carmen Mercedes Hurtado Pérez, quien tiene una valoración entusiasta del grado de participación que ha tenido la población beneficiaria del proyecto.
Para llegar a Las Sabanas hay que viajar unos 200 kilómetros al norte de Managua, sobre la Carretera Panamericana, y luego girar dos kilómetros hacia un valle de horticultores y ladrilleros indígenas, donde se experimenta una nueva visión de desarrollo local.
Rumbo a la naciente “aldea del adobe”, nos acompaña el argentino Marcelo Ochoa, experimentado oficial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que ha trabajado en Nicaragua en los últimos quince años.
Ochoa vivió la difícil época de la transición política y laboró en las zonas rurales, también afectadas por los desastres naturales. Es un apasionado creyente de la cooperación para el desarrollo, valora como “extraordinaria” la experiencia de trabajar en proyectos donde los objetivos de desarrollo del milenio se están alcanzando poco a poco y donde la lucha contra la pobreza está ganando batallas.
El caso de Gumercinda González, la maciza señora que empuña con vigor la piocha a sus 58 años, es típico de familias desintegradas por la guerra y que han trabajado en el campo sin muchas perspectivas de lograr un nivel de vida digno. Trabaja para tener, aunque sea en la última etapa de su vida, un techo donde vivir con sus hijas. El recuerdo de su esposo destrozado por una mina antipersonal de pronto le corta la inspiración, pero se resigna y dice con esperanza: “Uno tiene que sacrificarse para tener un hogar”.
PARTICIPACIÓN
El proyecto tiene la particularidad de conservar la tradición arquitectónica del lugar, cuyo sistema se basa en el adobe como principal material de levantamiento de paredes. Ahí los albañiles, por herencia familiar, conocen la forma de trabajar, aún así el proyecto les brinda capacitación y les proporciona nuevos conocimientos.
En el proyecto los beneficiarios, como doña Gumercinda, trabajan en calidad de ayudantes, mientras los albañiles locales laboran y perfeccionan sus conocimientos a través de instructores del Instituto Nacional Tecnológico (Inatec), como don Camilo Antonio Cornejo Díaz, quien dirige a 22 albañiles y a 45 beneficiarios, entre los que sobresalen 37 mujeres jefas de hogar.
DEFIENDE PARTICIPACIÓN FEMENINA
Marcelo Ochoa, quien atiende el proyecto por la delegación del PNUD, defiende la integración de la mujer desde la perspectiva de los derechos humanos.
En las áreas rurales de Nicaragua la experiencia indica que los varones se oponen a que las mujeres participen en actividades económicas, pero con el tiempo la mujer ha demostrado que puede trabajar igual o mejor que los hombres, expresa.
Algo curioso del proyecto es que cuando se presentó el diseño arquitectónico surgió un debate con profundas raíces culturales: la ubicación de la cocina.
Tradicionalmente las cocinas son un apéndice de una casa solariega, no una parte integral de la misma, y contradictoriamente es donde más tiempo permanece la mujer durante el día. A partir de la discusión con la propia población, se concluyó que se debe fomentar una mayor participación de las mujeres en los espacios de deliberación y decisión. La conclusión fue que el área de la cocina es parte esencial de las viviendas.
La ingeniera del proyecto, Gissel Duarte, se ocupa de garantizar la calidad técnica de la obra, cuidar que los materiales estén en tiempo y forma, coordinar actividades con la Alcaldía y los promotores sociales, velar por la disciplina laboral.
Duarte está asombrada de la calidad de la mano de obra ayudante, incluyendo a las madres solteras que trabajan con mucha voluntad, y de la relación de respeto y solidaridad que existe entre mujeres y albañiles, lo que está marcando un cambio de valores y actitudes en la comunidad.
UN NUEVO MECANISMO DE CONSTRUCCIÓN
Este nuevo mecanismo de construcción está dando resultado. Con la alianza entre el Instituto Nacional Tecnológico (Inatec), el Instituto de Vivienda Urbana y Rural (Invur), el Fondo Social de Vivienda (Fosovi) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se logró que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorgara un préstamo para subsidio habitacional a familias de escasos recursos.
Más de 1,000 viviendas se han construido entre el año 2004 y el 2005 con esa modalidad. Unos 150 jóvenes se certificaron como ayudantes de construcción, lo cual es una buena forma de dejar de depender de los recursos humanos y técnicos de Managua u otros lugares.
ACTORAS ECONÓMICAS
En un diálogo con la experta en género del PNUD, María Rosa Renzi, resalta que la experiencia de la “aldea del adobe” deja muchas lecciones, la principal es que cuando se toma en cuenta a las mujeres, despliegan sus capacidades y se integran activamente en el desarrollo local.
Aunque esto es apenas un inicio, Renzi propone que en el futuro también las mujeres deberían tener la posibilidad de recibir su certificación como albañiles u otro oficio, para que puedan desarrollarse como actoras económicas en sus territorios, dice Renzi.
La experiencia del PNUD en proyectos de construcción de viviendas para familias de bajos ingresos data del tiempo de la inserción de los combatientes de la Resistencia Nicaragüense, entre las que se encontraban mujeres.
Estas mujeres en 1990 depusieron sus armas, se apuntaron por la paz, con la aspiración de formar parte de un país con aspiraciones, construir una nación que luchara por dejar atrás la pobreza, lograr que sus hijos accedieran a la enseñanza primaria, como mínimo, a reducir la desnutrición y la mortalidad, en fin, alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio. En eso están las mujeres de la “aldea del adobe”.
TOQUE FEMENINO
El municipio de Totogalpa es gobernado por una mujer, la alcaldesa Carmen Mercedes Hurtado Pérez; el proyecto habitacional Las Sabanas, la “aldea del abobe”, es dirigido por la ingeniera Gissel Duarte García, con amplia experiencia en construcciones de adobe; y el diseño de las viviendas es obra de la arquitecta Dulce María Guillén, quien no pierde un minuto en el proyecto.

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