MIéRCOLES 8 DE FEBRERO DEL 2006 / EDICION No. 24077 / ACTUALIZADA 12:30 am





EL HUMOR DE






El factor Evo en Nicaragua

Está muy claro que una de las diversas razones por las que el ahora Presidente de Bolivia, Evo Morales, obtuvo su resonante victoria electoral a fines del año pasado, fue el ambiente de intimidación social que él mismo creó previamente por medio de las asonadas que inclusive derribaron a dos gobiernos anteriores, el de Gonzalo Sánchez de Lozada y el del periodista Carlos Mesa.

A eso que ocurrió en Bolivia se le puede llamar el factor Evo, que significa obligar a los electores —sobre todo a los vacilantes— a votar por el candidato que tiene capacidad para provocar la inestabilidad social, y de esa manera “comprar” seguridad y tranquilidad para el siguiente período de gobierno.

En realidad, en la elección presidencial de diciembre del año recién pasado en Bolivia, mucha gente votó por Evo Morales porque creyó que nada se ganaría eligiendo al candidato democrático, pues de todas maneras muy pronto sería derrocado por las asonadas populistas. Así lo expresó de manera elocuente y representativa el gerente de una empresa de productos alimenticios, quien reconoció después de las votaciones: “Para que se acaben los bloqueos, había que elegir a los bloqueadores; votando por Evo se evitarán los bloqueos salvajes que paralizaron la economía del país e hicieron caer a dos presidentes en los últimos dos años”.

Ahora, en Nicaragua algunos analistas consideran que el clima de agitación social que se está creando en el país a partir del paro del transporte en Managua, que ha venido a sumarse a la huelga de los médicos, así como las amenazas de acciones parecidas por parte de otros sectores gremiales, tiene un trasfondo político y no es más que la ejecución de una estrategia de Daniel Ortega y el Frente Sandinista.

En realidad, no se puede vincular el paro de los transportistas con la huelga de los médicos que no pertenecen a Fetsalud. Los transportistas que están en paro obedecen generalmente las orientaciones del partido sandinista, pero la huelga de los médicos es dirigida por un miembro de la Junta Directiva del Partido Conservador, y éste la ha respaldado inclusive de manera oficial. Por otro lado, aunque la acción de los médicos es censurable porque perjudica ante todo a los sectores más pobres de la sociedad, que son los que requieren los servicios del sector público de salud, por otro lado nadie puede negar que esta huelga tiene una legítima razón socio-económica porque el salario de los médicos es demasiado bajo .

Muy diferente es el paro del transporte, ya que no hay ninguna hay razón que lo justifique. No es cierto que el negocio del transporte colectivo de Managua sea deficitario, ni que los transportistas estén sufriendo pérdidas en vez de obtener ganancias. Con documentos y cifras en mano, economistas independientes y funcionarios gubernamentales del ramo han demostrado que el transporte colectivo urbano de Managua es un excelente negocio, gracias a las múltiples exoneraciones y regalías que reciben los transportistas, ya no digamos los subsidios estatales como el que ahora están exigiendo. Es tan buen negocio, que algunas personas han obtenido concesiones por influencias políticas, sin ser propietarios de unidades de transporte, y alquilan el derecho de operación para obtener una lucrativa y fácil ganancia sin trabajar ni arriesgar absolutamente nada.

De manera que por lo menos en este caso —y en el de otros sectores prosandinistas que han amenazado con sumarse a la agitación social—, hay razón suficiente para por lo menos sospechar que tiene un trasfondo político. Cabe recordar al respecto que cuando el Presidente de la República anunció, en su mensaje a la Asamblea Nacional de enero recién pasado, su intención de presentar una iniciativa de referendo sobre las reformas constitucionales que le dan al FSLN el derecho de controlar indefinidamente la mitad de los Poderes del Estado, la airada reacción pública de los representantes sandinistas indujo a muchas personas a sospechar y temer que este partido podría promover acciones callejeras de fuerza para obligar al presidente Enrique Bolaños a desistir de su anunciada iniciativa de consulta popular.

De manera que esa podría ser la explicación el interés de crear de nuevo una situación de inestabilidad social en el país; o, como lo señalamos en este mismo espacio editorial el 24 de enero pasado (Asonadas en año electoral), Ortega y el FSLN podrían estar creyendo, muy equivocadamente, que con el factor Evo ganarán la próxima elección presidencial.
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