Tormento
Juan Velásquez Molieri
Leí el texto del periodista Arquímedes González, publicado en LA PRENSA del martes 24 de enero sobre los tormentos que proceden de los vecinos, los evangélicos de la casa 62 de la Colonia El Periodista. Me extraña que el gremio tolere en sus barbas ese aquelarre. Somos cientos de miles los que padecemos esa situación. Imagine a familias con salas evangélicas paredes de por medio con niños y ancianos sufriendo ese escándalo; a personas que llegan cansadas de sus trabajos, a jóvenes que no pueden estudiar por el ruido. Son cientos de miles.
Yo también les he pedido durante más de un año que cesen el volumen y que lo hagan sin sonido. Un sábado de noviembre traje a dos muchachas policías para que desde mi casa oyeran el estruendo. Lo comprobaron y luego fuimos donde ellos. Comenzamos a hablar con el pastor, a los minutos nos rodeaban unas cuarenta personas; giraron la plática hacia una discusión sobre lo teológico. Les dije que nada de eso llegábamos a impedir. “Dios no es sordo”, les dije. Las policías les dijeron que bajaran el volumen, aceptaron —esa vez— pero pasaron unos pocos días y... otra vez volvieron con el estruendo.
Lo hacen lunes, martes, viernes, sábado, en la mañana, a mediodía, en la noche, en la madrugada... y aquí, como usted sigo aguantando. ¿Qué hacemos? ¿A quién le pedimos ayuda?

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