LUNES 6 DE FEBRERO DEL 2006 / EDICION No. 24075 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE






Los divorciados y los candidatos presidenciales

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Emilio Porta Pallais
eporta@gmail.com

Viajando rumbo a Washington me encontré a una buena amiga que tenía tiempo de no ver. Comenzamos a platicar y a ponernos al día en nuestras vidas y me contó que recientemente terminó una relación amorosa de más de dos años. Asombrado, pues sabía que tenía una buena relación, le pregunté qué había pasado. Ella me contó que recientemente había conocido a la ex esposa de su novio y que ésta le había revelado algunos detalles de su fallido matrimonio que no le parecieron.

Al finalizar el relato, con gran sabiduría mi amiga concluyó con la siguiente reflexión: una de las pocas cosas buenas que tiene salir con un divorciado es que puedes darte una idea del marido que será al averiguar cómo se comportó en su primer matrimonio. Si fue un mal marido, la verdad que no tiene mucho sentido tomar semejante riesgo cuando hay tanto soltero por allí.

Haciendo una analogía sobre este relato, comencé a reflexionar sobre las futuras elecciones presidenciales. Tratando dejar por de lado mis convicciones políticas comencé a elaborar una metodología que nos permitiera analizar a los diferentes candidatos. Rápidamente llegué a la conclusión de que lo más fácil sería comenzar el análisis con el candidato del FSLN; pues de todos los aspirantes él es el único que había ejercido a plenitud el poder. Fijé algunos criterios para el análisis y encontré lo siguiente:

En el plano económico, el gobierno que dirigió Daniel Ortega carga con la histórica responsabilidad de haber entregado en los noventa una nación con los mismos niveles de desarrollo que tenía en los años treinta. La administración del comandante Ortega logró que Nicaragua pasara de ser considerada “el granero de Centroamérica” a ser el país más pobre del hemisferio occidental y el más endeudado del mundo.

Entre 1961 y 1978 el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua creció a una tasa anual promedio de 5.6 por ciento. Mientras Ortega estuvo en el poder (1979 a 1989) la tasa anual promedio del crecimiento del PIB fue -3 por ciento. De igual manera, es importante recordar la exagerada inflación que nuestro país experimentó durante esa época. Sólo en 1988 Nicaragua experimentó una hiperinflación de 14,295.4 por ciento. Esto quiere decir que el “chanchero” que los nicas teníamos en las manos a principios de ese año, “valía” 143 veces menos para fines de ese mismo año.

En el plano social, el gobierno de Ortega se distinguió por la politización del sistema educativo y la destrucción del sistema de salud. Con gran tristeza recordamos cómo se enseñaba a los niños a sumar contando ametralladoras y a leer con las historietas revolucionarias que aparecían en los Carlitos. La cobertura y la calidad educativa en esa época se vieron deterioradas y las escuelas dejaron de ser casas de estudios y se convirtieron en centros de adoctrinamiento político, en donde el Himno Nacional fue suplantado por el himno del partido en el poder. En lo que al sector Salud respecta, se distingue la destrucción del sistema hospitalario, el aumento en la mortalidad infantil y el continuo desabastecimiento de medicamentos.

En el área de gobernabilidad, el gobierno de Ortega se distingue por haber ejecutado o apañado innumerables violaciones a los derechos humanos. Durante su administración se ejecutó con tenacidad la censura a los medios de comunicación, se ajustició a una gran cantidad de enemigos políticos y se estructuraron complejos aparatos de seguridad que cuartaban la libertad ciudadana. De la misma manera la administración de Ortega se caracterizó por cometer diversos actos de corrupción y abusos de poder. El Estado se puso al servicio del FSLN y éste al servicio de Ortega y de sus allegados. Recordemos que las últimas leyes que se impulsaron durante el gobierno de Ortega fueron para tratar de legalizar la corrupción y perpetuar lo que la sociedad nicaragüense denomino como la “piñata”.

Hasta el momento, todos los candidatos presidenciales que se mencionan son políticos conocidos, que durante sus diferentes carreras han jugado diversos papeles dentro de la administración pública. En este sentido, consideramos que antes de entrar a analizar sus respectivas promesas electorales debemos hacer un primer filtro y reflexionar sobre la ejecutoria que éstos tuvieron mientras ostentaron el poder. Así como hemos analizado la trayectoria de Ortega, debemos preguntarnos cuál es el aporte que los diferentes candidatos han realizado al desarrollo económico y social del país. Si en la oportunidad que tuvieron lo hicieron mal, tomemos el consejo de la amiga y no nos arriesguemos, pues seguramente por allí habrá otros que lo hicieron mejor.

El autor es Master en Gestión y Políticas Públicas del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile.
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