LUNES 6 DE FEBRERO DEL 2006 / EDICION No. 24075 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE






Corrupción en sistemas de salud

El organismo mundial no gubernamental que investiga y denuncia la corrupción en todas partes del mundo y en las diversas formas que se practica, Transparencia Internacional (TI), aborda en su informe del 2006 la gigantesca corrupción de los sistemas de salud.

Así lo dio a conocer la semana pasada la televisión alemana Deutsche Welle, que reveló el dato impresionante de que son más de 3 mil billones de dólares los que se gastan anualmente, a nivel mundial, en los sistemas de salud, pero una parte considerable de ese dinero “se filtra por los oscuros canales de la corrupción”.

“Países ricos y pobres se ven afectados por igual. Se trata, en definitiva, de un problema global”, se dice en el informe 2006 de Transparencia Internacional según el reporte de la TV alemana, aunque no se cuantifica el monto de dinero que va a parar a los bolsillos de los corruptos. Lo que se dice bien claro es que el sector salud es especialmente vulnerable a los sobornos, chantajes y malversación de fondos, debido a “la complejidad de los sistemas de salud” y sobre todo por el gran número de actores involucrados. “Mucho dinero circula por muchas manos hasta que un medicamento llega al paciente, de modo que resulta difícil ejercer un control eficaz”, se dice en la citada información.

El estudio de Transparencia Internacional, según Deutsche Welle, menciona el “marketing agresivo” que utilizan algunos consorcios farmacéuticos para conseguir el apoyo de los médicos.

Sigue diciendo la información que independientemente de que la corrupción en los sistemas de salud es un problema que afecta gravemente a los países altamente desarrollados, causándole graves daños a las cajas de seguro y, por ende, a los contribuyentes que cotizan en ellas, sin embargo las más perjudicadas son las naciones más pobres. Al respecto, la presidenta de Transparencia Internacional, Huguette Labelle, advierte en el informe del 2006 que “el precio de la corrupción en este campo —de los sistemas de salud— no sólo debe medirse en dinero sino en sufrimiento humano”.

Por ejemplo, en Nigeria, África, cerca del 70 por ciento de los medicamentos a la venta son falsificaciones producidas en China o en India, que no ofrecen ninguna garantía y, por el contrario, muchas veces producen dañinos efectos secundarios o colaterales a los enfermos que los consumen. “Las personas de escasos recursos son, por otra parte, las más dependientes de los sistemas públicos de salud. En consecuencia, son también las más afectadas por el daño que causa la corrupción a la hora de definir políticas de salud y prioridades en el gasto público”, se dice en el informe sobre la corrupción en los sistemas de salud a nivel internacional.

En Nicaragua se sufren dramáticamente los efectos de esa corrupción en los sistemas de salud que denuncia Transparencia Internacional. Aquí como en todas partes se practican esas “estrategias agresivas” de los consorcios farmacéuticos que señala el informe de TI y se vende y consume cualquier cantidad de medicamentos de dudoso origen y peligrosas consecuencias, muchos de los cuales se ofrecen en canastos colocados en aceras de los mercados, expuestos al sol, el polvo y toda clase de elementos contaminantes.

Además, habría que preguntarle a Transparencia Internacional cómo hay que clasificar el hecho de que el Seguro Social delega la prestación de los servicios médicos a sus afiliados —los cuales no son gratuitos ni de caridad porque los asegurados pagan obligatoriamente una cuota fija para ser atendidos correctamente— a negocios privados que no atienden apropiadamente a los pacientes. Y habría que ver también cómo se clasifica la utilización de las necesidades de atención médica de los enfermos más pobres de la sociedad —o sea el dolor humano de que habla la presidenta de Transparencia Internacional—, para negociar aumentos de sueldos y políticas salariales del Estado.

Desde los tiempos de Hipócrates, el padre de la medicina que vivió en el siglo V antes de Cristo, se dice que el médico debe curar siempre que pueda; que cuando no pueda curar su misión es aliviar; y que siempre, cualquiera que fuere la circunstancia, tiene que consolar. Pero es evidente que eso, si alguna vez fue cierto, ahora, con la proletarización de los médicos y la mercantilización del sistema de salud, es cosa del pasado.
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