SáBADO 4 DE FEBRERO DEL 2006 / EDICION No. 24073 / ACTUALIZADA 12:30 am





EL HUMOR DE






¿Por qué “Benedicto”?

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Adolfo Miranda Sáenz

El Papa Benedicto XVI explicó que al escoger ese nombre quiso honrar a Benedicto XV, quien ejerció un impresionante ministerio de caridad durante y después de la Primera Guerra Mundial. Pero, las razones van mucho más allá de tan sólo esa breve explicación. Es sabido que el nombre escogido por cada Papa indica las características que desea darle a su pontificado. ¿Qué características tuvieron los Benedicto antecesores de Benedicto XVI? La respuesta nos ayudará a comprender mejor a Joseph Ratzinger.

El anterior, Benedicto XV, Giacomo Della Chiesa, fue electo en 1914. Le tocó vivir los horrores de la Primera Guerra Mundial. Antes se había caracterizado por la práctica de la caridad. Siendo Secretario del Nuncio en España, con ocasión de la epidemia de cólera en 1885, se entregó a los enfermos con suma generosidad. Como Papa luchó tenazmente mediante esfuerzos diplomáticos para mediar entre las naciones en guerra y fue muy activo en proponer numerosas iniciativas de paz. Antes y después del conflicto se empeñó tenazmente en aliviar los sufrimientos de las víctimas de guerra. Gracias a su intervención, decenas de miles de prisioneros inválidos de ambos bandos fueron intercambiados; otros gravemente enfermos fueron trasladados a la neutral Suiza. Trabajó intensamente para buscar desaparecidos y prisioneros, y por restablecer los contactos con sus familias.

Benedicto XIV, Próspero Lambertini, a quien quiso honrar Benedicto XV y luego el actual Benedicto XVI, fue electo por unanimidad en el lejano año de 1740. En el contexto de su época, fue extraordinariamente progresista. Abrió un rico diálogo entre la Iglesia y el mundo, particularmente con los intelectuales no creyentes. Promovió a la mujer llegando incluso a nombrar mujeres en cátedras universitarias (algo casi impensable en ese tiempo). Elevó el nivel intelectual del clero abriéndolo a horizontes a los que hasta entonces había permanecido, en gran parte, cerrado. Mostró una amplia comprensión hacia las nuevas formas de vida manifestadas en los comienzos de la Edad Moderna, adaptando la forma de presentar el mensaje evangélico a las circunstancias de la época.

Los anteriores Benedicto, que fueron muchos, en general se caracterizaron por ser intelectuales, de espíritu generoso y caritativo, abiertos al diálogo y progresistas de acuerdo con sus respectivas épocas. Todos ellos, desde Benedicto I, Bonifacio de Roma, electo en el año 575, honran el nombre de San Benito (que es lo mismo que Benedicto y significa “bendito”). San Benito (480-547) es el Patrono de Europa y su incansable misión de fundar monasterios para la oración y el trabajo (ora et labora), así como sus numerosos escritos, y sobre todo su ejemplo y el de sus monjes, fueron determinantes para la cristianización de Europa. El santo abad, lejos de limitar sus servicios a los que querían seguir su Regla, extendió sus cuidados a la población de las regiones donde habían monasterios: curaba a los enfermos, consolaba a los tristes, distribuía limosnas y alimentó a los pobres, siguiendo el precepto evangélico “Procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que al ver el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo”. (San Mateo 5.16).

El actual Papa Benedicto XVI, de una inteligencia excepcional, de gran cultura, ilustración y capacidad intelectual, lejos de ser el implacable y ultraconservador “pastor alemán” de la Iglesia, dispuesto a castigar severamente las desviaciones teológicas, como lo han querido presentar enemigos y resentidos, ha sido, ciertamente, un fiel defensor de la fe, pero siempre dispuesto al diálogo antes que a la disciplina; a la discusión constructiva; a los frecuentes y fraternos llamados a la reflexión; a brindarle a sus hermanos que se desvían, múltiples oportunidades para reflexionar, para reelaborar sus tesis, y en última instancia continuar sus elucubraciones en forma privada. Más que “el guardián implacable”, como erradamente algunos lo han tildado, es el discreto y sencillo profesor, humilde, de trato suave y afectuoso. Que así como ama a Jesucristo y a su Iglesia, ama al prójimo con la sensibilidad con que también interpreta a Mozart en el piano; y que lejos de ser un conservador radical, en sus numerosísimos libros se revela más progresista que lo que hasta ahora generalmente se piensa de él.

Todas esas son razones para haber escogido llamarse Benedicto.

El autor es abogado.
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