Blanco y negro
Rivas y Ortega, conversión simultánea
Eduardo Enríquez
Al mismo tiempo que el secretario perpetuo del Frente Sandinista, Daniel Ortega se estaba convirtiendo en un ferviente iglesiero y un “seguidor de Cristo”, allá por octubre del 2002, se estaba dando otra conversión, la de Roberto Rivas, actual magistrado-presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE).
Rivas, un cercano colaborador del cardenal Miguel Obando y Bravo (y también co-propietario Su Eminencia en la Universidad Católica), no se convirtió en seguidor de Cristo porque supongo que ya lo era, sino que más bien se convirtió en alguien que trabaja muy bien con los magistrados sandinistas y desde entonces vota con ellos en las decisiones del CSE.
Esto es importante ahora porque es Rivas quien le da la mayoría al Frente Sandinista para tomar las decisiones que quiera en el CSE, entre ellas de reformar desde el Consejo la Ley Electoral para oficializar el llamado “ratón loco” que tanto confundió a los votantes en las elecciones municipales.
Para entender esta conversión tenemos que recordar cómo llegó Rivas al CSE. Llegó en el período presidencial de doña Violeta Chamorro, fue puesto en el cargo a raíz de los interminables diálogos entre el Gobierno y la Asamblea Nacional cuando pretendía, esta última, poner en vigencia las reformas constitucionales de 1995.
Entonces Rivas entró como “representante del Cardenal” con la tarea de ser el fiel de la balanza en el Consejo para las elecciones de 1996.
Luego de esas elecciones, y siguiendo las inclinaciones políticas de Su Eminencia, Rivas pasó a ser un magistrado prácticamente liberal, Rivas votaba con los liberales.
Era tal el nivel de alineación de Rivas que días antes de las elecciones del Caribe en el 2002, Ortega dijo “(Rivas) es otro alemancito. Los dos gorditos y los dos son unos tractorcitos que van encima de todo. Es decir, es un hijo de (Arnoldo) Alemán. Está actuando de forma arbitraria”.
Allá por octubre del 2002 el magistrado se encontraba en una situación precaria. La Contraloría General de la República tenía un dictamen de responsabilidad penal contra él por haber “donado” ilegalmente más de 278 mil córdobas del CSE a monseñor Eddy Montenegro, otro cercano colaborador de Obando y tesorero de la Universidad Católica.
La investigación fue impulsada por el magistrado sandinista Luis Ángel Montenegro.
El CSE estaba entonces sumido en una crisis porque los sandinistas —igual que ahora hacen los liberales— se negaban a hacer quórum porque de hacerlo Rivas sería electo presidente por tercera vez y era algo a lo que los sandinistas se oponían de manera férrea.
Sin embargo todo terminó el 3 de octubre del 2002. Ortega se reunió esa tarde con Obando y de ahí Ortega salió “seguidor de Cristo” y ante los ojos del Cardenal, libre de todo lo que había hecho en los últimos 20 años, mientras que Rivas salió libre de toda culpa, la “donación” fue supuestamente regresada, Montenegro olvidó la responsabilidad penal y los votos sandinistas en el CSE sirvieron para reelegir a Rivas como presidente.
Desde entonces el CSE es controlado por Ortega. Todo gracias a una conversión, o mejor dicho a una negociación. ¿Qué más se habrá negociado aquella tarde?

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