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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 4 DE FEBRERO DE 2006
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José Coronel Urtecho: pensador de la cultura

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.Este año se celebra el centenario del nacimiento de José Coronel Urtecho, gran pensador de la vanguardia literaria nicaragüense que más ha reflexionado sobre el sentido y concepto de la cultura nacional

 

Álvaro Urtecho

José Coronel Urtecho —junto a Pablo Antonio Cuadra— es el intelectual del movimiento de Vanguardia que más ha reflexionado sobre el sentido y concepto de la cultura, lo cultural y sus relaciones con la historia, la sociedad, la política y la economía, así como sobre las relaciones entre el intelectual y los políticos y los hombres de empresa.

Desde los explosivos años vanguardistas, Coronel centraba su discurso en torno a la no siempre aclarada naturaleza de la cultura y a la profunda relación de ésta con la libertad, la belleza y la autenticidad. Ya en los propios manifiestos y proclamas se destaca esta preocupación. Preocupación que va aunada a la búsqueda de una nueva expresión literaria. Por lo tanto, dada la atmósfera de impugnación radical de la entonces cultura oficial de la provincia, es decir, la cultura de los liberales y conservadores estacada en una ética y un estética decimonónica, no es de extrañar el reclamo por parte de Coronel y sus compañeros, de una verdadera cultura, es decir, de una cultura auténticamente nacional y popular en donde llamar pan, al pan, y al vino, vino.

Así, en 1932, en la página de Vanguardia número 35, contestando a una encuesta decía: “No existe un ambiente de cultura nicaragüense, es decir, una cultura como fenómeno colectivo. En la confusa mentalidad general nicaragüense de hoy se encuentran restos fríos de la cultura tradicional que se disuelve junto a creencias, normas y costumbres extranjeras, especialmente importadas del medio ambiente popular yankee. Creo útil añadir que ese medio ambiente popular yankee ha sido producido en Estados Unidos por medio de hábiles métodos de propaganda, con propósitos comerciales”. En ese mismo texto manifestaba su crítica al comercialismo y al liberalismo así como a la democracia y se definía políticamente como reaccionario, en el sentido de reaccionar frente a un establishment empobrecido y falsificador, en función de la recuperación de la verdadera esencia de la nacionalidad nicaragüense. “Confío en el porvenir vernáculo de las artes porque confío en el triunfo de una reacción, es decir, en una vuelta a lo nicaragüense”, manifestándose en contra de los prejuicios antiespañoles, anticoloniales y antirreligiosos, promovidos por el liberalismo decimonónico.

Como podemos ver, ya en su primera juventud Coronel había perfilado su concepto de la cultura, que es lo que nos interesa a nosotros en esta conferencia. Una visión, una reflexión sobre el fenómeno cultural que suponía evidentemente una ardiente defensa de la tradición colonial, en cuanto ella se ofrecía una unidad sustancial metafísica, en contraposición con el individualismo atomizador introducido por los próceres liberales de la Independencia de los políticos libero-conservadores asociados al comercialismo capitalista y pragmático.

Hay varios artículos, muy importantes por cierto, pese a la juventud y a la euforia militante de su autor, publicados en El Diario Nicaragüense entre 1929 y 1931. Artículos que, en cierta forma, son la base de sus reflexiones sobre la historia de Nicaragua y sus Conferencias a la Empresa Privada.

Todos estos artículos están llenos de iluminaciones y merecen un detenido estudio. Por ejemplo, en Política y literatura define la cultura “no sólo como un conjunto de valores históricamente universales sino como un conjunto de valores válidos a todos los miembros de una comunidad”. Refiriéndose a las causas de la decadencia cultural (seguramente pensando en el Modernismo petrificado europeizante que impedía el desarrollo de un discurso verdaderamente nacional) menciona entre ellas a la mala política, entendiendo ésta no la colonial sino la de la Independencia que según él “se llevó a cabo con una enorme dosis de estupidez política, de romanticismo democrático aterrante… Y estamos ahora en el momento preciso en que si no volvemos por su esfuerzo enorme al punto de separación de los caminos y proclamamos la Independencia, como Dios manda, tendremos que cambiar nuestra cultura yankee”. El concepto de cultura yankee tiene en Coronel una acepción precisamente a que su formación como poeta viene de la new poetry americana (Whitman, Sandburg, Pound, feroces críticas del sistema yankee).

Como vemos, Coronel no escapa al esquema arielista impulsado por el popular libre de Rodó en la época de Darío: la confrontación entre Ariel (el espiritualismo latino) y Calibán (el materialismo anglosajón), aunque el origen filosófico de sus reflexiones procede de los grandes pensadores y teóricos de la cultura españoles: Unamuno, Ortega, Maeztu y, por supuesto, del gran ideólogo de la Acción Francesa, Carle Maurras.

Como reacción a eso que él llama cultura materialista y alienadora, Coronel propone una cultura integral basado en el estudio y práctica de las Humanidades, coincidiendo así con el solitario Salomón de la Selva, otro de nuestros grandes poetas que estructurara su creación literaria de la madurez en torno a ese espíritu constructivo y armónico.

Para Coronel, el liberalismo triunfante propició una escuela y una educación desligada de la tradición, olvidándose del estudio de los clásicos, y fomentando el enciclopedismo de poca consistencia. De ahí la diferenciación que hace entre saber (lo propio de la enciclopedia) y cultura, que es lo verdaderamente fecundo.

Así, en el artículo titulado Contra el espíritu burgués, afirma que la burguesía por ser hostil a la inteligencia y a todas sus manifestaciones desinteresadas… “no es extraño, pues que los jóvenes que sentimos una imperiosa necesidad de expresar la alegría y la ilusión de vivir y crecer, nos encontremos apretados por un ambiente sordo, insensible y enemigo”.

En otro artículo, El oscurantismo del siglo XIX, el joven líder y guía del Vanguardismo estético y filosófico, hace un inventario negativo del Romanticismo como movimiento central de ese siglo. Se refiere a la falla de una poesía popular, como la que se produjo en la Edad Media. Añora la philosophia perennis de los escolásticos e impugna a la ciencia experimental: ¿Qué le ha dado al hombre en el mejoramiento de sí mismo, en el conocimiento de la verdad, en la iluminación del misterio?

En las observaciones preliminares de Reflexiones sobre la historia de Nicaragua, Coronel desarrolla su pensamiento con los debidos matices conceptuales y la madurez que le han dado sus innumerables lecturas y meditaciones a la orilla de su Río San Juan. Para nosotros, Reflexiones es una obra tan importante como lo es El laberinto de la soledad de O.

Paz para los mexicanos, libro con el cual tiene grandes afinidades, sobre todo en su relación de la tradición colonial y lo positivo de la Conquista española. Un libro, las Reflexiones… que tiene a un Keyserling y a un Splenger adentro, así como al Eliot de Notas para una definición de la cultura y al Pound tan admirablemente retratado en su Baído tránsito de esa obra maestra de su clara, exhaustiva y fluida prosa.

Para Coronel, la verdadera cultura nicaragüense procede de la Colonia nicaragüense en las esencias de la cultura occidental de entonces, “sino además, la formación y la elaboración de la propia cultura del pueblo nicaragüense, como producto de un mestizaje racial y cultural, nació en ese proceso de formación de su cultura"… “De suyo, dice, la cultura de la Colombia debe entenderse como un bien común, por decirlo de otra manera, como patrimonio del pueblo”… Conceptos muy parecidos a los expuestos por Paz en su análisis de las raíces de México como nación, sobre todo, su valoración de la colonización española, en el sentido de tener un “alma”, algo que no existía en la colonización anglosajona.

De ahí el concepto de universalidad, concepto clave en Coronel como lo es en Paz y en Alfonso Reyes. Para Coronel, la cultura popular (el folklore, el teatro callejero, los refranes, los cuentos de camino, el maravilloso y sentimental arte barroco) proviene de la Colonia. “El contenido folklórico y el acento regional” (algo que la cultura decimonónica quiso obviar o negar), “no conducían a restringir, como pudiera creerse, sino al contrario, a enriquecer la universalidad de la cultura popular elaborada en Nicaragua durante la Colonia”.

Coincidiendo con el Lezama Lima de La expresión americana, Coronel valora el barroco como nuestro gran momento de universalidad, criticando el progreso lineal de la sociedad. “Ni el aumento de la población, ni el crecimiento de las ciudades han producido nada semejante al florecimiento del barroco en la arquitectura centroamericana. Falta el espíritu que animaba las construcciones coloniales”.

Este concepto de universalidad, que es constante en los tomos de sus Reflexiones, así como en su obra ensayista posterior, especialmente en sus Tres conferencias a la Empresa Privada en la que define las relaciones entre el hombre de empresas y el intelectual, proponiendo un diálogo entre ambos a través de la cultura como puente, y en donde analiza también la situación y perspectiva de la cultura nicaragüense, será el objeto de uno de sus más importantes ensayos: Introducción al tema de la universalidad nicaragüense.

En esas páginas, el iconoclasta “asesino de sus retratos”, el burlista de su león de cemento al cabo, el conductor del movimiento vanguardista, el abanderado de las nuevas corrientes irreverentes hace la mayor defensa y recuperación de Rubén Darío como nuestro máximo héroe cultural y el mayor ejemplo de nuestra universalidad: “Rubén no nos liberta para separarnos —como lo han hecho la mayoría de nuestros libertadores políticos, a excepción de Bolívar y Morazán— sino para ensanchar nuestra unidad. Su trayectoria va de la libertad a la unidad, en la misma dirección de nuestra universalidad. Es con Rubén y por Rubén que la poesía de Nicaragua adquiere a un mismo tiempo conciencia de sí misma y de su propia universalidad. Con Rubén es que los poetas nicaragüenses, frecuentemente en rebeldía frente al mismo Rubén, han descubierto al menos su universalidad, tal vez no propiamente la universalidad nicaragüense como experiencia colectiva o realidad histórica sino más bien su personal universalidad en relación a la poesía como categoría universal”.  
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