Hay que transformar el Inafor en Instituto Nacional de Bosques
Martina Porta
Hace poco, un funcionario con más de treinta años de trabajar en Marena, me decía que no estaba de acuerdo con el proceder coercitivo de Inafor ni con que esta institución diera las malas noticias de atentados y decomisos de madera y camiones ilegales, porque eso aleja la inversión.
En nombre de la “inversión” se fugan más de 10 millones de dólares de madera “en rollo”, es decir, sin procesar, de los bosques del Caribe hacia Cuba y Dominicana. Miles se quedan sin empleo al no procesarse dentro el país. En nombre de esa misma inversión se dan hambrunas en el Río Coco y comunidades aledañas, producto de una plaga de ratas que se ha desatado por el desequilibrio ecológico causado por el despale voraz a que han sido sometidas sus zonas aledañas.
El Inafor tiene ahora muchos enemigos porque ya no hace “favores” ni “arreglos” de pago ilegales, como lo hicieron en el pasado. Los madereros saben que sólo hay 150 técnicos entre distritales y municipales para todo el territorio nacional y se ríen de que estos tengan que supervisar 150.000 ha. de bosque dadas por ley al manejo forestal desde el año 2000, así como supervisar la actividad de regentes que se supone son profesionales forestales que se ponen, egresados de nuestras universidades comprometidos con el medio ambiente, cuya función es garantizar que esos “planes generales de manejo” se cumple a cabalidad. La actual administración ha cambiado al 60 por ciento del personal anterior, pero es necesario que los asesores legales de todas las instituciones relacionadas con el cuido de nuestros recursos naturales trabajen en equipo para fortalecer aspectos de la Ley de Servicio Civil que por proteger tanto la antigüedad ha dado como resultado que funcionarios que no cumplen a cabalidad las leyes en estas instituciones estén inmunizados, pagando sus abusos desde las instituciones, con nuestros impuestos y ayudados por sindicatos que lo menos que hacen es cumplir su función de mejorar condiciones laborales, optar a capacitaciones, estimular a los trabajadores más eficientes. Tristemente, en el sector de los recursos naturales los sindicatos se han convertido en los principales defensores y cómplices de la corrupción.
Luego de la Ley No. 462, Ley Forestal, al Inafor le fueron asignadas más de 300 funciones. Pero como hasta este año fue presupuestado, no tiene vehículos ni siquiera para realizar su labor adecuadamente y delega una serie de atribuciones que al final hacen que la responsabilidad se diluya.
Hay que transformar al Inafor en un Instituto de Bosques, no en un supervisor forestal inclinado a los permisos y alejado de la ecología como fue concebido. La madera no es simplemente madera, cifras frías exportables convertidas en grandes utilidades para unos pocos a costa de la pobreza de muchos y el peligro irresponsable de exponer al país a horribles desastres naturales. Proyectos internacionales como POSAF, SINIA, Corredor Biológico, actualmente en Marena deben ser trasladados a un Instituto de Bosques sin ningún sentimiento de perder feudos o celos institucionales. Una sola institución, con los recursos necesarios, debe responder por el manejo de los bosques y todo lo relacionado a ellos. De esa manera la comunidad aprenderá a valorarlos integralmente y podremos restaurar nuestra cobertura boscosa, no sólo extraer madera y leña sin cesar.
Es lamentable aparecer como uno de los países más pobres y más corruptos del mundo. Pero la mejor manera de cambiar las malas noticias es cambiar la realidad que las produce. Y si algunas compañías madereras dejan de sacar madera ilegal basados en “planes mínimos” o de “reposición”, sin importarles el daño que causan a sus propios hijos; y si los diputados legislan para sus electores y no para caudillos, de seguro los titulares dirían que Nicaragua es un país de gran atracción turística, verde fresco, forestal, con aguas transparentes y abundantes.
La autora es divulgadora del Inafor.

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